No, no se asusten, no he decidido cambiar la temática del blog y pasarme a la telebasura para aumentar la "audiencia". Me decanto, sin embargo, por la figura que pergeñó, allá por 1949, George Orwell en su novela 1984. La del dictador omnipresente y controlador en una sociedad sin libertades observada hasta el extremo. Sí, probablemente sea una exageración propia de una época donde las ideas totalitarias, de uno u otro signo político, se abrían paso en el corazón del siglo XX. Sin embargo, creo que a la mayoría de nosotros, o al menos a la mayoría relativamente leidos, se nos viene a la mente dicha distopía cada vez que nos asaltan noticias como las de las escuchas telefónicas, por parte de Estados Unidos, a diversos líderes europeos, como Angela Merkel, al menos desde el año 1999 administración Obama incluida. Por cierto, entre los drones, promesas incumplidas y espionaje vamos a acabar añorando a Bush... bueno, tal vez me he pasado, pero ya me entienden. El caso es que el espionaje, tan viejo como el mundo, no me sorprende lo más mínimo. Sí lo hace, sin embargo, el rosario de personajes escandalizados, llevándose la manos a la cabeza, que estamos viendo y oyendo en nuestros medios de comunicación estos días, culminando con la autorización, por parte de el Fiscal General del Estado a la fiscal de Sala encargada de la criminalidad informática, Elvira Tejada, a abrir unas diligencias de investigación sobre este asunto. Escándalo sí, pero no tanto, al fin y al cabo todos los países medianamente modernos cuentan con sistemas similares. Vamos, que el Gran Hermano también vive en España. Y no me refiero al de Mercedes Milá. Nuestros servicios de inteligencia cuentan con su propio juguete, llamado SITEL, desde hace casi una década.
