domingo, 24 de febrero de 2013

Soy corrupto de pensamiento, palabra, obra u omisión

No hay más que echar un pequeño vistazo a las portadas de los periódicos o al sumario de los telediarios para comprobar la podredumbre moral que corroe los cimientos de la vida pública en España. Por más que nuestros ¿responsables? políticos se empeñen en miniminizarlo y decir que no son más que unas cuantas manzanas podridas no es esa la impresión que da atendiendo a la extensión, cualitativa y cuantitativamente hablando, de los escándalos más recientes. Echemos un somero vistazo: caso Bárcenas, con la mira puesta en la financiación ilegal del Partido Popular y el cobro de dinero negro por parte de sus mandos; Noos y sus ramificaciones, cada vez más claras, en la Casa Real; mafia Rusa, con un Alcalde y diputado autonómico de CiU implicado; Fundación Ideas y ERE´s falsos en Andalucía con el PSOE en la trastienda. Como digo, esto son solo los casos de más actualidad puesto que también se está investigando el caso Campeón; las cuentas de la familia Pujol; la operación Pokemon... no quiero, ni tengo espacio suficiente, para enumerar todos los casos. Ni son hechos aislados ni patrimonio de un solo partido. Por desgracia afectan a todos aquellos que, de una forma u otra, acarician el poder. Pero la corrupción afecta no solo a los corruptos si no a todos aquellos que no hacen nada para remediarlo. Todos ellos son corruptos de pensamiento, palabra, obra u omisión.


Bárcenas, al más puro estilo Capone, simboliza la podredumbre moral de nuestra clase dirigente

viernes, 15 de febrero de 2013

Tribunal de cuentas, entre la ineficacia y la manipulación política

Una de las esencias de la democracia, elecciones aparte, es el respeto a las leyes y el sometimiento al Estado de Derecho. Todos somos iguales, o deberíamos serlo, ante la ley. Nadie debe estar por encima de las normas que entre todos nos hemos otorgado. El cumplimiento de la ley es garantía de convivencia en igualdad de condiciones. Pero ¿qué pasa cuando aquellos que están encargados de elaborar las leyes y velar por su cumplimiento son los primeros que las incumplen? ¿qué sucede cuando la separación de poderes es casi inexistente? ¿qué ocurre cuando los organismos de control, teóricamente independientes, son manipulados y manejados por los partidos políticos? Pues que la democracia se convierte en un reflejo de sí misma, un espejismo meramente formal donde triunfa el descontrol y, por tanto, el desgobierno. Uno de esos organismos, el Tribunal de Cuentas, está hoy en el punto de mira gracias a que la financiación de los partidos políticos se ha convertido en terreno abonado para corrupciones varias más propias de una banda mafiosa que de lo que debería ser la canalización de la representación popular.

El pleno del Tribunal de Cuentas es elegido, a partes iguales, por el Congreso y el Senado ¿Independencia?

domingo, 10 de febrero de 2013

Hastío de gobierno

La desconfianza se nutre de la falsedad continuada y del ocultamiento repetido. Buscando en el Diccionario de la Real Academia encontraréis que la falsedad es la “falta de conformidad entre las palabras, las ideas y las cosas”. Por su parte, si hacéis lo propio con ocultar veréis que significa “callar advertidamente lo que se pudiera o debiera decir, o disfrazar la verdad”. Repasando la trayectoria del gobierno actual pareciera que estas dos palabras estuvieran hechas a su medida: las múltiples contradicciones entre lo que se dijo que se iba a hacer y lo que se ha hecho, el lenguaje ambiguo, las explicaciones que atentan contra toda lógica e inteligencia. Si a esto añadimos la falta de coraje o incapacidad de explicar sus actuaciones del señor presidente reflejadas en su continua huída de los medios de comunicación y repetido veto a las comparecencias en el Congreso, a estas alturas ¿quién confía  en este gobierno?