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El basurero del mundo

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Desde principios de agosto el petrolero Exxon Valdez descansa, a la espera de su desguace, en la costa de Alang en la India. Durante cuatro meses unas 500 personas se encargarán de cortarlo trozo a trozo hasta que sus 228 metros de eslora y 34.000 toneladas de peso desaparezcan de la faz de la tierra o, mejor dicho, se transformen en chatarra. Este ha sido el último viaje del petrolero que en 1989 derramó más de 40.000 toneladas de crudo en las costas de Alaska . Pero el gigante dormido sigue siendo un peligro para el medio ambiente y las personas que lo desguazarán. Como si de un modelo a escala internacional de las relaciones sociales se tratara, los pobres se encargan de limpiar la mierda de los ricos convirtiéndose en el basurero del mundo.

El derroche alimentario es cosa de todos

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Hace un par de semanas saltaron a las portadas, una vez más, el alcalde de Marinaleda, Sánchez Gordillo, y el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT). De nuevo decidían llamar nuestra atención con una acción polémica. Sin ir más lejos, decidieron asaltar, expropiar dijeron ellos, dos supermercados en Écija y Arcos de la Frontera. Las reacciones no se hicieron esperar, tanto a favor como en contra, sobre todo en las redes sociales: para unos Robin Hood, para otros demagogo y populista. Yo, personalmente, no estoy a favor de este tipo de actuaciones por muy loables que sean las intenciones. Nunca he pensado que el fin justifique los medios por muy justo que sea ese fin. Ya puestos a tomarnos la justicia por nuestra mano, ¿Quién decide lo que es justo y lo que no? ¿Se responsabilizarán Sánchez Gordillo o el SAT si otros deciden imitarles y en una de esas “expropiaciones” sucediera alguna desgracia? Obviamente han conseguido lo que buscaban, cobertura mediática y poner el foco por un la...

La sombra de Aznar es alargada

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En 2003 Alberto Ruiz-Gallardón fue como número uno en la candidatura del PP a la Alcaldía de Madrid. Parece ser que el entonces presidente del gobierno José María Aznar le encargó que así lo hiciera para hacer frente a la candidata del PSOE, Trinidad Jiménez. Había miedo de que Trinidad ganara a Esperanza Aguirre. Aznar le dejó caer que su mujer, Ana Botella, quería entrar en política, y él como chico servicial, la colocó en su lista como número tres.