domingo, 24 de febrero de 2013

Soy corrupto de pensamiento, palabra, obra u omisión

No hay más que echar un pequeño vistazo a las portadas de los periódicos o al sumario de los telediarios para comprobar la podredumbre moral que corroe los cimientos de la vida pública en España. Por más que nuestros ¿responsables? políticos se empeñen en miniminizarlo y decir que no son más que unas cuantas manzanas podridas no es esa la impresión que da atendiendo a la extensión, cualitativa y cuantitativamente hablando, de los escándalos más recientes. Echemos un somero vistazo: caso Bárcenas, con la mira puesta en la financiación ilegal del Partido Popular y el cobro de dinero negro por parte de sus mandos; Noos y sus ramificaciones, cada vez más claras, en la Casa Real; mafia Rusa, con un Alcalde y diputado autonómico de CiU implicado; Fundación Ideas y ERE´s falsos en Andalucía con el PSOE en la trastienda. Como digo, esto son solo los casos de más actualidad puesto que también se está investigando el caso Campeón; las cuentas de la familia Pujol; la operación Pokemon... no quiero, ni tengo espacio suficiente, para enumerar todos los casos. Ni son hechos aislados ni patrimonio de un solo partido. Por desgracia afectan a todos aquellos que, de una forma u otra, acarician el poder. Pero la corrupción afecta no solo a los corruptos si no a todos aquellos que no hacen nada para remediarlo. Todos ellos son corruptos de pensamiento, palabra, obra u omisión.


Bárcenas, al más puro estilo Capone, simboliza la podredumbre moral de nuestra clase dirigente

Corruptos de pensamiento

Corruptos ya que piensan que están por encima de la ley. Piensan que no deben explicaciones a nadie. Piensan que pueden hacer lo que les plazca porque nunca hay consecuencias y, cuando las hay, son mínimas. Son corruptos porque piensan que nuestro voto es un cheque en blanco que les libera de toda responsabilidad cuando en realidad es una obligación para con nosotros.

Corruptos de palabra

Cada rueda de prensa de un implicado en un caso de corrupción o uno de sus compañeros de partido es un verdadero insulto a la inteligencia. Hemos pasado del tristemente famoso "me he enterado por la prensa" de Felipe González allá por la época de los GAL al no menos famoso y actual "no me consta" de María Dolores de Cospedal. ¿Es posible que no sean conscientes del daño que están haciendo  a la democracia?. Es muy grave que los ciudadanos ya no crean ni una sola palabra de lo que dicen sus representantes. Esa es la tristeza: no nos creemos ninguna de las explicaciones que está dando el Partido Popular sobre el caso Bárcenas pero lo peor es que tampoco nos creemos la impostada indignación de Rubalcaba y sus correligionarios en su denuncia de los hechos y su petición de responsabilidades. ¿Que autoridad moral puede tener un partido implicado en  tantos casos de corrupción como aquel a quien denuncia?


¿Qué credibilidad puede tener Rubalcaba mientras Griñán es investigado por los ERE´s en Andalucía?

Corruptos de obra

Financiación ilegal, fraude fiscal, dinero negro, tráfico de influencias, sobornos, comisiones ilegales, blanqueo de capitales, cohecho, prevaricación, estafa, falseamiento de cuentas anuales, insolvencia punible, administración desleal, estafa, apropiación indebida, malversación de caudales públicos, falsedad documental, negociaciones prohibidas a funcionarios... está relación no es casual, es un pequeño resumen de los delitos imputados a diversos cargos públicos por la Fiscalía especial contra la corrupción y la criminalidad organizada durante el año 2011. En su memoria anual encontramos alcaldes, diputados y algún que otro presidente autonómico de cuyos nombres no quiero ni acordarme. No hay nada más que añadir, por sus hechos les conoceréis.

Corruptos por omisión

¿Cuantos casos de corrupción han sido denunciados por el mismo partido al cual pertenece el corrupto? Quizá me falle la memoria, me gustaría que así fuera, pero me temo que ninguno. ¿De verdad no se dan cuenta de que para mantener un mínimo de credibilidad no deben taparse unos a otros si no denunciar y apartar a las manzanas podridas?. No solo es una cuestión moral, con su comportamiento están faltando a la ley. La Ley de Enjuiciamiento Criminal establece que el que "presenciare la perpetración de cualquier delito público está obligado a ponerlo inmediatamente en conocimiento del Juez de Instrucción, de Paz, Comarcal o Municipal, o funcionario fiscal más próximo al sitio en que se hallare".  Esto rige para cualquier ciudadano que tenga conocimiento de un delito, pero es vinculante, según el Código Penal, para "los que por razón de sus cargos, profesiones u oficios tuvieren noticia de algún delito público, estando obligados a denunciarlo inmediatamente al Ministerio fiscal, al Tribunal competente, al Juez de instrucción y, en su defecto, al municipal o al funcionario de Policía más próximo al sitio, si se tratare de un delito flagrante". Muy inocentes deben ser nuestras señorías para ver como su compañero de escaño, por poner un ejemplo, lleva una vida de millonario con un sueldo como el suyo y no sospechar nada raro.


Parece que los lujos de nuestros políticos no despiertan ninguna sospecha en sus compañeros de partido
Dicho todo esto, aunque esto no sea popular, siempre he pensado que el problema de los políticos españoles en relación a la corrupción no es que sean políticos, es que son españoles. Sí, no se me indignen, quien de ustedes no ha cobrado o pagado alguna vez en dinero negro, quien no ha hecho alguna trampa en el trabajo, quien no piratea películas, música o libros... Para muestra unos pequeños botones: Según algunos estudios el fraude fiscal asciende a 70.000 millones de euros anuales aproximadamente. Sólo  las cuotas de IVA dejadas de ingresar en el 2012 podrían acercarse a los 18.000 millones de euros. A esta aportación, digamos cultural, que hacemos los ciudadanos a la corrupción hay que sumar la aportación electoral. Por ejemplo el 70% de los alcaldes acusados de corrupción han sido reelegidos. Con esto no quiero disculpar a nuestros políticos, creo que ellos tienen la responsabilidad de cambiar nuestro futuro, pero sí quiero poner en su justa medida nuestra responsabilidad en el asunto.

Sinceramente, ha llegado a tal punto el hastío que me produce nuestra clase política que en los últimos tiempos he dejado de sentir enfado por cada caso de corrupción que salta a la luz pública. El enfado ha dejado sitio a la vergüenza y la tristeza. La única forma de recuperar un mínimo de credibilidad pasa porque sean los partidos los que denuncien su propia corrupción y no la prensa; que se produzcan dimisiones o, en su defecto, ceses; y, por último, empiecen a entrar corruptos en la carcel previa devolución, eso sí, de las cantidades robadas aumentadas por la consiguiente indemnización por daños morales a toda la sociedad y a nuestra democracia. Estamos hartos de palabras vacias, queremos hechos contundentes. Esta será la única vía de que nuestros dirigentes recuperen, poco a poco, la credibilidad y la sociedad un hálito de esperanza.