miércoles, 29 de febrero de 2012

Televisiones, agujero negro


En estos tiempos de crisis en que todo se recorta o es susceptible de ser recortado le da a uno por analizar, en la medida de lo posible, los ingresos y los gastos del Estado, las prestaciones, las subvenciones, de donde se puede ahorrar y de donde no. Vamos, como si estuvieras en casa, a fin de mes, revisando las facturas. Y en estas me ha dado por fijarme en la televisión pública y, más concretamente, en las cadenas de televisión autonómicas.


Las trece cadenas autonómicas costaron a las comunidades autónomas alrededor de 2.850 millones de euros en 2010 según un estudio encargado por la asociación de las televisiones privadas (UTECA) a Deloitte. De esta cantidad 1.918 millones corresponden a subvenciones y tasas, 396 millones en aportaciones patrimoniales y otros 536 millones relativos a sus pérdidas. El coste neto para cada hogar español fue ese mismo año de 152 euros. Estos datos arrojan un hecho curioso en la actual situación de crisis económica. Mientras nuestros dirigentes recortan en Educación o Sanidad las subvenciones que reciben las televisiones públicas aumentaron un 57,8 por ciento en dicho año, coincidiendo, todo hay que decirlo, con la supresión de publicidad en la RTVE que benefició, y mucho, a las televisiones privadas.

Para entender estas cifras nada mejor que unos ejemplos significativos. Los costes de Canal Sur superan los 232 millones de euros y los de la televisión catalana se disparan a los 324 millones; Canal 9, la televisión pública valenciana, tiene más de 1.800 trabajadores, una plantilla superior a Tele 5 y Antena 3 juntas; la televisión autonómica de Baleares llegó a consumir el 3,48% del presupuesto autonómico.

Este gasto creciente choca frontalmente con los datos de audiencia de estas cadenas que hacen dudar de esa pretendida utilidad como vehículo para la difusión de la cultura, el idioma o las costumbres de cada región. Las televisiones vascas, catalanas y gallegas, junto a Canal Sur y AragónTV, son las más seguidas y sin embargo su media mensual, en cada comunidad y sumando todos sus canales, no llega al 14%. Caso paradigmático de esta escasa utilidad es que el canal en euskera de ETB solo es seguido por el 1,7% de los vascos. Otro ejemplo podría ser el segundo canal de Telemadrid, la Otra, por el que tanto luchó Esperanza Aguirre. Es seguido por la friolera del 0,9% de los madrileños.



Viendo estos datos se entiende perfectamente que las cadenas autonómicas hayan pasado de representar, en su momento de mayor auge, el 16% del mercado publicitario mientras que actualmente no lleguen al 9% según el último estudio de Infoadex.

Para hacer frente a esta situación se presentan diversas opciones. Uteca ha propuesto un modelo, a imagen y semejanza del alemán, con un canal público de cobertura nacional al que se sumen las televisiones autonómicas. Cada señal autonómica que pasara a la común supondría que la desaparición de al menos un canal autonómico de dicha comunidad. La programación sería creada entre RTVE y las distintas televisiones autonómicas públicas que se adhirieran con posibilidad de realizar desconexiones regionales. El objetivo sería reducir los costes en transmisión de señal e impulsar la producción propia, que al ser conjunta también repartiría costes. Por supuesto al depender de RTVE sería un modelo sin publicidad. No hay que olvidar que la idea proviene de la asociación de televisiones privadas. Aún así debería ser tenido en cuenta.

La otra opción supondría la externacionalización parcial de la actividad audiovisual. Como ejemplo lo que ya está haciendo la televisión aragonesa, que ha cedido a productoras ajenas los informativos, 2.000 horas de contenidos anuales y la explotación técnica y comercial. Canarias y Baleares han optado por un modelo similar y Castilla y León ha adjudicado la explotación total de un canal regional a la iniciativa privada a cambio de una subvención.

Sea como sea lo que está claro es que el actual modelo es insostenible y, además, no cumple las funciones que se le suponen. No tiene ningún sentido este derroche de medios en unas televisiones autonómicas que compiten en cuanto a contenidos con las televisiones de ámbito estatal. Futbol, cine americano, programas del corazón no deberían tener cabida en unas cadenas cuya supuesta razón de ser es la cercanía con los ciudadanos y la difusión cultural de cada región. Puesto que está claro que los partidos políticos no van a desprenderse así como así de una herramienta tan poderosa como esta no parece razonable que haya más de un canal en cada comunidad habida cuenta del gasto que suponen y de la audiencia que captan.

Mientras escribo esto leo la noticia de que los recortes ponen en peligro  ClanTV y Teledeporte cuando estos dos canales sí pueden considerarse de servicio público, uno como refugio televisivo de nuestros niños y jóvenes y otro por dar cabida a deportes minoritarios, en España todos los que no son futbol. Incluso en el caso de los canales tradicionales esta función podría circunscribirse a La 2 prescindiéndose así de contenidos que no necesitan el apoyo de lo público.  La familia Alcántara, el ninja medieval o el tío de la vara nos cuestan la friolera de 12.000 euros el minuto siendo contenidos que tendrían cabida en cualquier televisión privada que podría amortizarlos mediante publicidad. A pesar de esto reconozco que La Primera es un canal muy arraigado en las costumbres y el imaginario de la población española y sería casi traumático, para gran parte de ella, desprendernos de él. Pero, visto lo visto ¿qué me dicen de los canales autonómicos?