miércoles, 1 de febrero de 2012

Hambre, Guerra y Derechos Humanos

Tras la anterior entrada en la que intentamos hacer un breve resumen de los temas más preocupantes a los que nos enfrentamos este año en España me gustaría hacer el mismo ejercicio con lo que pasa más allá de nuestras fronteras. Y en este caso, al igual que nos ocurría al hablar de nuestro país, nos encontramos con que los retos son tan viejos como el mundo o, más concretamente, como el ser humano. Mientras que en los países más industrializados nos preocupamos por el cierre de Megaupload y las andanzas de su megadueño, por la última versión del ipad o las últimas palabras de Mourinho, en tres cuartas partes del mundo las preocupaciones son más básicas y, paradójicamente, más difíciles de solucionar: hambre, libertad y supervivencia. 


Hambre 

Podría extenderme sobre la situación sanitaria en el mundo, el acceso a los medicamentos y la prevalencia de enfermedades ya erradicadas o que son mera anécdota en lo que mal llamamos primer mundo mientras que para el resto son mortales. Pero me voy a limitar, por lo esencial, a la situación alimentaria. En los últimos informes de prevalencia de personas subnutridas de la FAO el número alcanzaba los 850 millones de personas, suponiendo un 13 por cien de la población mundial. En cifras globales se puede decir que mil millones de personas pasan hambre en el mundo. Para muestra unos botones: el Chad, con diez millones y medio de población cuenta con algo más de cuatro millones subnutridas; Angola, diecisiete millones de habitantes y 7,2 subnutridos; Zambia, 12,3 millones para 5,4; y saliendo de a África: Bolivia, 9,5 millones de población total, 2,5 millones subnutridas; Pakistán, 173 millones, 42 millones subnutridas. He puesto estos ejemplos por no ceñirme a los ya por todos conocidos como son Etiopia o Tanzania donde se supera el 40 por cien de población subnutrida.


Por si alguien se lo pregunta la “subnutrición es el estado de las personas cuya ingestión alimentaria regular no llega a cubrir sus necesidades energéticas mínimas”. Personas que pasan verdadera hambre. A pesar de estas cifras desoladoras el nuevo responsable de la FAO, Graziano da Silva, apuntaba tras su nombramiento a la erradicación hambre como la primera de las cinco prioridades estratégicas de la FAO. Pero como bien decía "Acabar con el hambre requiere el compromiso de todos: ni la FAO ni ningún otro organismo lograrán vencer solos esta guerra".

Guerra 

Las guerras, algo que en las sociedades modernas nos parece tan ajeno, un mero espectáculo televisivo. Estados Unidos no sufre una guerra en su territorio, con la salvedad del ataque a Pearl Harbor, desde la guerra de secesión en 1865; en Europa occidental, por su parte, no vivimos un conflicto bélico desde 1945, una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, ya que la guerra de los Balcanes, a pesar de encontrarse a la vuelta de la esquina, no se vivió como un conflicto de escala europea. Es por esto que el escenario de una guerra nos parezca algo alejado visto a través del prisma de los telediarios. A esta percepción ayuda el hecho de que la mayoría de los conflictos actuales son internos, se producen entre facciones de un mismo país y no entre dos o más estados. De hecho, para la opinión pública, si preguntamos, apenas existen tres conflictos armados, Israel-Palestina, Iraq y Afganistán, a pesar de que algunos conflictos, como el de la República Democrática del Congo, han provocado la muerte de cuatro millones de personas de forma directa e indirecta.


Por supuesto los más perjudicados son los más débiles, en este caso los niños. Según datos de la UNESCO en los países en desarrollo envueltos en conflictos la tasa de mortalidad infantil es el doble que en el resto de países en desarrollo. Aproximadamente 28 millones de niños están sin escolarizar concentrando el 42 por cien de todo el mundo. Esto por no hablar de extremos que nos resultan tan inconcebibles para nuestra mentalidad como el de los niños soldados. Y es que, aparte de las personas, la principal víctimas de las guerras son los derechos humanos. De los doce primeros lugares del mundo en violación de los derechos humanos, once de ellos padecen un conflicto armado.

Derechos humanos y democracia 

Al igual que ocurría con las guerras hay situaciones que en otros países son totalmente cotidianas aunque en el nuestro parezcamos olvidarlo a pesar nuestra reciente historia. Según Amnistía Internacional hay restricciones a la libertad de expresión en al menos 89 países, es decir, prácticamente en medio mundo. Se documentaron casos de tortura en al menos 98 países y se considera que dos tercios de la población no pueden acceder a la justicia o, en caso de que lo hagan, son sistemas corruptos y arbitrarios. Pero también hay algunos datos para la esperanza, si bien tímidamente. Según Naciones Unidas el número de democracias, al menos formales, ha aumentado de menos de una tercera parte de los países en 1970 a la mitad a mediados de 1990 y a tres quintas partes en 2008. Si bien en muchos casos su funcionamiento deja mucho que desear todos los caminos empiezan por un primer paso.


Un ejemplo de esta esperanza al mismo tiempo que incertidumbre lo tenemos en la llamada primavera árabe. Túnez fue la propulsora, tras el simbólico y dramático gesto de Mohamed Bouazizi, un joven en paro que se quemó a sí mismo y dio paso a la revuelta popular que terminó con el dictador Ben Ali. Tras las primeras elecciones, el poder político recayó en los islamistas moderados. Su líder aseguró que no impondría un código moral y respetaría los derechos de las mujeres. Como si de una mecha se tratara siguieron las revueltas de Egipto. Mubarak no aguantó el pulso lanzado por miles de personas desde la plaza Tahrir. Las primeras protestas pacíficas acabaron con más de 300 muertos. El ex presidente Mubarak fue acusado de conspirar para matar a los manifestantes durante el levantamiento de febrero pero la llegada del ejército al poder tiñó el proceso con más sombras que luces. Caso distinto, con más tintes de guerra civil que de revueltas fue el de Libia que terminó con la humillante muerte de Gadafi. El Comité Nacional de Transición nombró un gabinete intentando integrar los distintos intereses regionales aunque algunos clanes de Libia aseguraron que no reconocían dicho gobierno. Al igual que en Túnez y Egipto, miles de personas se echaron a la calle en Yemen tras 32 años de Gobierno de Saleh. Las míseras condiciones de vida fueron el detonante. Hasta en tres ocasiones Saleh amagó con firmar un acuerdo de transición que finalmente firmó en Arabia Saudí ante la más que previsible posibilidad de guerra civil. Como vemos en todos los procesos abiertos hay nubarrones en el horizonte: posibilidad de guerra civil, luchas entre clanes o leyes islámicas que amenazan, principalmente a la mujer. Aún así son procesos que invitan al optimismo aunque haya otros, como es Siria, donde el rojo de la sangre está tiñendo el verde de la esperanza. 

Difícil sonreír ante la situación global. Solo nos queda pensar que estamos mejor que hace medio siglo sin olvidar que se partía desde tan abajo que el único camino posible es mejorar. Al menos la corriente de los últimos años nos indica que hay una conciencia global cada vez más arraiga que favorece, aunque sea paso a paso, el cambio. Mientras tengamos la sonrisa de un niño hay esperanza.