viernes, 24 de febrero de 2012

España: radical e intolerante


Nací, políticamente hablando, durante las últimas legislaturas de Felipe González. Desde entonces, a inicios de los 90, he tenido conocimiento, como todos ustedes, de casos de corrupción que salpicaban a uno y otro partido como Filesa o Roldán (PSOE), Naseiro o Soller (PP) y más recientemente Gürtel, los ERE´s, el caso Campeón, Palma Arena o Palau. Si quieren entretenerse, pueden hacer una comparativa del mapa de corrupción por partido político y su cuota de poder en cada momento y verán cómo es directamente proporcional. La corrupción no es patrimonio de uno u otro partido como nos quieren hacer creer unos y otros según sus intereses. Lo preocupante no es que nos lo vendan así si no que haya quien lo compre. Es patrimonio de las personas y, como dice el refranero, de la ocasión. Por eso no entiendo que aquellos que se indignan con la absolución de Camps, que por otra parte me parece un sinvergüenza, apenas si hablen de los ERE´s en Andalucía. Porque, según todos los indicios, Valencia se ha convertido en una barra libre para la corrupción con el PP igual que Andalucía lo ha hecho con el PSOE.


Tengo claro que prefiero la democracia a la dictadura. Creo, como decía Winston Churchill, “que es el menos malo de los sistemas políticos”. Es por esto que, ateniéndome al siglo XX, me repugna por igual Hitler y Stalin, Castro y Franco, Mao y Pinochet. Tanto da si son fascistas o comunistas, son dictadores. Por eso no entiendo que haya personas que critiquen al Tribunal Supremo, por ejemplo, por ser una institución heredera del franquismo y defiendan al mismo tiempo a Fidel Castro. No entiendo que haya personas que justifiquen o minimicen las atrocidades en Siria o en el Tíbet contraponiéndolas a las cometidas por Estados Unidos. En mi opinión primero debemos luchar por la democracia y los derechos humanos, ya hablaremos después de los colores.

Escribo todo esto porque me preocupa la deriva que está tomando nuestro país. Quizá porque soy un bicho raro hay cosas que no entiendo. Cuando, teóricamente, los valores democráticos, la tolerancia, el pluralismo y la solidaridad parecen valores aceptados en España no es así en la práctica. Tolerancia y solidaridad con los míos, de la pluralidad ni hablamos. Por eso no entiendo que los insultos estén sustituyendo a la crítica. No entiendo que la crítica a uno u otro partido en lugar de un razonamiento sea un “son unos hijos de puta”. No entiendo que haya periodistas y columnistas que disparen sus balas siempre en la misma dirección. Que no critican la corrupción en general si no la del otro partido, que no critican los derroches si no los de aquellos que consideran sus enemigos. Da igual que leas El Mundo o El País, La Razón o Público. Unos y otros cargan sus armas contra quienes representan ideas contrarias a las suyas. Y curiosamente todos llaman sectarios e intolerantes a los otros. Creo que moral y profesionalmente no es aceptable. Recuerdo aquella máxima de formar, informar y entretener referida a los medios de comunicación. La mayor parte de ellos, medios y periodistas, han olvidado estos principios para pasar a ser propagandistas y voceros de unos intereses concretos, en unos casos por ideología y en otros por economía. Porque es más fácil, como sucede con los partidos políticos, hacerte con un grupo de fieles que digan amén a todo lo que tú propones que abrir un debate y hacer pensar a los demás. Y para conseguir esto, cuanto más radicalizada y enfrentada este la sociedad mejor. Es responsabilidad directa de los medios de comunicación y de los partidos políticos. Los que echan leña al fuego de las dos Españas deberían atenerse a las consecuencias cuando esto se escape de las manos. Y antes o después lo va a hacer y se llevarán las mismas a la cabeza.

Creo que la crítica es buena y sana, siempre que se haga razonada y, dentro de lo posible, imparcialmente. Al menos yo así lo intento. Porque he visto, por ejemplo, como participábamos en una guerra contra Irak bajo el gobierno de Felipe González y bajo el gobierno de Jose María Aznar y a uno se le llamaba asesino y al otro no. He visto, por ejemplo, como negociaban con ETA todos los gobiernos de nuestra democracia y a unos se les acusaba de traicionar a España y a los otros no. He visto, por ejemplo, como los sindicatos protestaban por la ampliación del horario lectivo a los profesores en Madrid y lo consentían en Andalucía. He visto, al igual que ustedes, como nuestros políticos, de cualquier partido, sin excepción, incumplían sus promesas. Cómo decían en la oposición lo que criticaban cuando gobernaban y cómo hacían gobernando lo que criticaban cuando estaban en la oposición. No hace falta irse muy lejos, con leer los periódicos de los últimos meses vale. Pongan Rajoy donde antes ponía Rubalcaba y viceversa. Verán como todo cuadra. Es por esto que creo que una democracia madura es aquella en la que cada ciudadano vote a los distintos partidos, unas veces a unos y otras a otros, dependiendo de cómo lo hayan hecho mientras gobernaban o las alternativas que presentan de cara al futuro. En la que se critique por los hechos y no por las siglas. Pero esto no les interesa puesto que limitaría su poder y su influencia y, también decirlo, sus subvenciones. 

Se que esto no es muy normal en España, quizá sea un bicho raro. Para mis amigos de izquierdas siempre he sido un poco “facha” y para mis amigos de derechas siempre he sido un poco “rojo”. Y no porque cambie mis opiniones dependiendo de con quien hable si no porque me niego a aceptar el pensamiento único que dicta que todo lo de los unos es bueno y lo de los otros es malo y viceversa. Muestra de esto es este blog en el que escribimos personas con distintas ideologías y no solo compartimos en un mismo espacio ideas y opiniones si no que las propagamos, aunque no sean las nuestras, porque lo que nos gusta es el debate, no imponer nuestras ideas si no compartirlas y, entre todos, abrir horizontes.
Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza
entre una España que muere
y otra España que bosteza.
Españolito que vienes
al mundo, te guarde Dios
una de las dos Españas
ha de helarte el corazón
Antonio Machado