martes, 7 de febrero de 2012

Alcorcón, uno de tantos


Javier se ha levantado para ir al cole como todos los días. Espera encontrarse allí con su compañero Luis, un niño enfermo crónico que va al mismo colegio que él. El caso es que hoy Luis tampoco ha ido y ya van unos cuantos días. Javier no sabe porqué pero sus padres han decidido no llevarle debido a las condiciones de insalubridad del colegio. Desde hace dos semanas hay una huelga de limpieza y los padres de Luis no pueden arriesgarse a que se ponga enfermo estando en la situación que está. Javier no lo sabe, solo tiene seis años, pero hoy tampoco podrá jugar con su amigo por culpa de la crisis financiera. El ayuntamiento no paga a la empresa de limpieza, esta no paga a sus empleados y estos, haciendo uso de sus derechos, han decidido ir a la huelga.


Esta situación ficticia está basada, como dicen en las películas, en hechos reales. Es lo que está pasando hoy en España debido a que las administraciones públicas, principalmente comunidades autónomas y ayuntamientos, deben a las empresas que les prestan servicios miles de millones de euros.

Según las estimaciones de la Plataforma Multisectorial contra la Morosidad, que representa a un millón de empresas y a 4,5 millones de trabajadores, las administraciones públicas pagaron sus facturas durante el pasado año a 162 días de media, cinco días más que el año anterior y 112 por encima del límite fijado en la nueva Ley de Morosidad. También han crecido los impagos, que el último ejercicio crecieron dos puntos, hasta situarse en el 7,1%. Es decir, que pagan tarde, mal o nunca, como se suele decir en nuestro rico idioma. Se estima a su vez, que el conjunto de las administraciones deben a las empresas alrededor de 35 mil millones de euros. El caso de los autónomos es sangrante ya que todos conocemos su fragilidad dentro del sistema productivo. Según la Federación de Autónomos la deuda estimada asciende a unos 13.300 millones de euros con el agravante de que han adelantado más de 1.600 millones de euros de un IVA que aún no han cobrado.

Pero esto no es lo peor. En la actual situación los bancos prefieren prestar dinero a las administraciones antes que a las empresas. Por algún extraño motivo que no alcanzo a entender, teniendo en cuenta los gestores públicos que tenemos, les parecen más solventes. Es decir, que ante la escasez de crédito este va a parar a los ayuntamientos y comunidades en lugar de ir a las empresas que están asfixiadas por los impagos de aquellos que se llevan los créditos.

Permítanme ahora que vuelva a la historia por la que he comenzado puesto que, como he dicho, es real y me toca de cerca. Además me parece simbólica de hasta qué punto afecta la crisis a todos y en especial, como siempre, a los más débiles. Resulta que en Alcorcón, municipio de esos que llaman dormitorio cerca de Madrid, los trabajadores de la empresa encargada de la limpieza de las dependencias municipales y de los colegios de dicha localidad están en huelga desde el 23 de enero. Están en huelga debido a que la empresa para la que trabajan les debe dos nóminas y se ha planteado despedir a parte de plantilla. Y la empresa ha llegado a esta situación debido a que el Ayuntamiento les debe dinero y ha decidido rescindirles el contrato. Como pueden imaginar un colegio con doscientos niños no se puede permitir ni un solo día sin limpieza. Además, en algunos de esos colegios, tal y como ilustraba en el inicio, hay niños con enfermedades crónicas que necesitan aún más limpieza si cabe que el resto. De hecho algunos de estos niños han dejado de asistir debido a la preocupación de sus padres por las condiciones de higiene. Como he dicho, me toca de cerca. El Ayuntamiento ha respondido enviando, hace unos días, un equipo para realizar una limpieza que no ha sido a fondo ni mucho menos continuada.

Este es solo un ejemplo, uno más, de un Ayuntamiento como tantos otros donde debido al despilfarro, a las obras faraónicas y a la falta de previsión de nuestros políticos la crisis ha acabado cebándose en las pequeñas empresas, en los trabajadores y, en última instancia, hasta en los niños.

Alguno de estos políticos le debería explicar a nuestro protagonista por qué no puede hoy tampoco jugar con su amigo y por qué, a pesar de lo mucho que insisten sus padres y sus profesores en la importancia de la higiene, su colegio está cada vez más sucio.