martes, 15 de enero de 2013

Euro por receta: además de apaleados, tontos

Leo con interés la página web que la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid ha puesto a nuestra disposición para engañarnos, perdón, informarnos sobre los pormenores de la entrada en vigor del pago de un euro por receta. Página, por cierto, publicada un par de semanas después de que esta medida entrara en funcionamiento y no, como dicta la lógica, antes de que lo hiciera. Compruebo, ya desde el principio, que además de hacernos pagar, una vez más, su mala gestión y sus derroches, los políticos que nos gobiernan nos toman por tontos. En el segundo párrafo nos dicen que "La tasa de 1 euro por receta pretende promover una mayor responsabilidad de los ciudadanos en el uso de los recursos y un mejor uso de los medicamentos y productos sanitarios. No tiene un fin recaudatorio en sí mismo, sino que persigue que los usuarios solamente retiren de las farmacias aquellos medicamentos que necesiten y que vayan a utilizar, y no acumulen innecesariamente fármacos en su domicilio." 






Es decir, al parecer, según el gobierno de Madrid, los ciudadanos consumimos medicamentos por gusto. Vamos, que nos ponemos malos por vicio y todos sabemos que los vicios son muy caros. Debe ser que imprimimos las recetas en casa, no que un facultativo nos las prescriba. Solo así se entiende que cobrándonos por ellas vayamos a dejar de usarlas. Si realmente hay un mal uso de los medicamentos, no digo yo que no lo haya en algunos casos, a quien habría que exigir su racionalización, si es que no se hace ya, es al médico que las prescribe, no al usuario que compra lo que este le manda. Pero, claro, no recaudarían un dinero extra y el ahorro sería ínfimo. No creo que haya tantos médicos que prescriban medicinas en cantidades industriales o para dolencias inexistentes. Además, hay que recordar que hace pocos meses 417 medicamentos quedaron excluidos del Sistema Nacional de Salud. Por lo tanto si realmente hay medicinas de escaso valor terapéutico, de esas que consumimos por vicio, ya habrán quedado fuera entonces. 



Por otro lado, todos tenemos medicamentos en casa que acaban en el cubo de la basura, bueno, mejor en el Punto Sigre, a pesar de estar a medio uso por haber caducado. De nuevo la Consejería de Sanidad opina que nos gusta comprar de más y tirarlo a medias. Pero la realidad es bien distinta, a todos nos ha pasado. Por ejemplo, te mandan un antibiótico por un catarro de esos de órdago. El tratamiento es de tres pastillas diarias durante siete días, es decir, 21 pastillas en total. Un envase óptimo podría traer 24 dosis, es fácil, dos blister de 12 y así si pierdes alguna tienes repuesto. Sin embargo en ocasiones los envases traen 36, es decir, te sobran 15 del tratamiento estándar y además, si necesitas una semana extra, no tienes suficiente por lo que hay que volver a comprar quedando en la misma situación. Pero claro, es más fácil seguir derrochando y gravar al usuario con una tasa que exigir a las empresas farmacéuticas, con medidas coercitivas si es necesario, que hagan los envases de sus medicamentos adecuándolos al tratamiento estándar de uso. Teóricamente ya se está haciendo y en los medicamentos de nueva autorización una de las condiciones exigidas es esta. Cuando acaben de leer esto, acérquense a su botiquín y compruébenlo por ustedes mismos. Parece que la realidad es otra, solo así se entiende que, según algunos cálculos, cerca de mil millones de euros en forma de medicamentos acaben siendo desechados todos los años.


Medicamentos por valor de más de mil millones de euros terminan en la basura anualmente

Mi último argumento se refiere a lo que considero una medida profundamente injusta y antisocial. Y es que no se tiene en cuenta la situación económica del usuario excepto para condiciones casi extremas, aunque por desgracia cada vez son más comunes. Están excluidos del pago por receta los perceptores de pensiones no contributivas, de rentas de integración social, afectados de síndrome tóxico, personas con discapacidad que obtuvieron su derecho a la asistencia sanitaria a través de la LISMI y los parados que han agotado el derecho a percibir el subsidio de desempleo. Algo es algo pero no suficiente. De hecho, según el presidente de la Comunidad de Madrid, en la primera semana de implantación se expidieron 1,6 millones de recetas, de las que 1,4 estaban sujetas al pago. Es decir, la mayoría de nosotros podremos que pagar hasta 72 euros anuales. Y son 72 euros por persona. Una familia tipo, de cuatro miembros, tendría que pagar, además del precio de los medicamentos que ya subió el año pasado, 288 euros al año. No es poca cosa en la situación actual. Y tendrán que pagarlo independientemente de que sus ingresos anuales sean de veinte mil euros o de doscientos mil o de los miembros que compongan la unidad familiar. Teniendo en cuenta el hecho de que todos los estudios relacionan la merma de ingresos económicos con una mayor incidencia de problemas sanitarios la injusticia es doble. 


Además de por sus medidas Gonzalez y Lasquetty están destacando por su arrogancia y falta de tacto

Para rematar el asunto, no sólo la oposición política está en contra. El gobierno de Mariano Rajoy, del mismo partido que el de Madrid, ha anunciado un recurso ante el Tribunal Constitucional basándose en que vulnera el principio de igualdad recogido en nuestra Carta Magna y pide la suspensión cautelar de su aplicación. Por cierto, Ignacio González, presidente hereditario de la Comunidad de Madrid, en un alarde más de arrogancia, anunció hace días que no se devolverá el dinero recaudado aunque el Tribunal Constitucional dictamine que la medida no se ajusta a derecho. Nuestros políticos se creen por encima de todo, incluso por encima de la ley. Es el resultado directo de no sentirse responsables por nada y no asumir las consecuencias de sus actos. Por eso no solo se conforman con gobernar, en multitud de ocasiones, en contra de la mayoría si no que además de apalearnos nos toman por tontos.