lunes, 16 de julio de 2012

Especulación para hoy, hambre para mañana

El Banco Mundial ha estimado que 40 millones de personas empezaron a pasar hambre por la subida del precio de la comida en 2008. Entre 2010 y 2011 la pobreza aumentó en 44 millones debido a la especulación alimentaria. Los que se están lucrando con esta situación nos dirán que las variaciones de precio se deben a las naturales oscilaciones de la oferta y la demanda y que ellos sólo invierten su dinero asumiendo un alto riesgo. Sin embargo, existe un pensamiento generalizado que asegura que la causa principal del incremento dramático del precio de los alimentos en el mundo es la especulación financiera.



Os daré unos datos desalentadores para que tengamos presente la gravedad del problema: el 60% de las cosechas de trigo y otros cereales están hoy bajo el control de los fondos de inversión especuladores. Según el Parlamento Europeo, el 50% del incremento del precio de los alimentos se debe a los movimientos especulativos. El ex relator de la ONU para el Derecho a la Alimentación y miembro del Comité Consultivo del Consejo de Derechos Humanos, Jean Ziegler ha declarado recientemente: “La lucha contra el hambre, contra un sistema financiero globalizado que masacra a millones de seres humanos, es ahora mi trabajo. Un niño muere cada cinco segundos mientras la FAO reconoce que la agricultura podría alimentar a 12.000 millones de personas, casi el doble de la población actual del planeta. Este es el mayor escándalo de nuestro tiempo”. 


Multitud de informes independientes demuestran que las variaciones de precios de varias materias primas se han dado en márgenes temporales muy estrechos como para atribuirlos a la marcha natural del mercado. No es normal por ejemplo que los precios del trigo aumentaran en un 46% entre el 10 de enero y el 26 de febrero de 2008, volvieran prácticamente a sus valores anteriores para el 19 de mayo, aumentaran de nuevo en un 21% hasta principios de junio y comenzaran a bajar otra vez a partir de agosto. La crisis del precio de los alimentos de 2008 fue excepcional ya que tuvo lugar en un entorno económico plagado de nuevas modalidades de especulación en los mercados de derivados relacionados con los productos alimenticios.


Uno de estos instrumentos financieros fuertemente especulativos son los fondos índice. Un fondo de índices de materias primas es una gran cantidad de dinero gestionado por un operador especializado, que lo utiliza para comprar los futuros que forman la cesta correspondiente a un determinado índice de materias primas.

Los futuros son contratos que implican la entrega de un bien específico por parte de un vendedor a un comprador en un punto acordado en el futuro. El contrato especifica el precio y establece que el bien no será pagado hasta la fecha de entrega. 

El mercado de futuros se ha utilizado desde los tiempos de los fenicios: los que lo utilizan compran y venden para compensar los riesgos del curso normal de los negocios. Si yo vendo mi cosecha y la vendo a futuro a un precio fijado me aseguro que me van a pagar ese precio. Si cuando llega el momento de cobrar, los precios han bajado yo salgo ganando, pero si han subido no me llevo ese margen excesivo. Me arriesgo menos a costa de no obtener unos márgenes cuantiosos. Al que compra mi cosecha también le puede interesar: si cuando tiene que pagar los precios en el mercado están altos, se ahorrará dinero. Si están bajos pagará algo más pero no perderá dinero de forma exagerada. 

Sin embargo, como la codicia y el ingenio muchas veces van a la par, en 1991 Goldman Sachs crea un nuevo tipo de productos de inversión relacionados con el comercio a futuro. ¿Cómo? Rastrean 24 derivados de materias primas. Entre ellos están el cacao, el café, la ternera, los cereales, los cerdos o la soja. Luego ponderan el valor de la inversión de cada producto, hacen un refrito con todos los valores y lo reducen todo a una fórmula matemática. Esto es lo que se conoce como Índice de Materias Primas de Goldman Sachs (GSCI).  


Seguimos con la ingeniería económica: los de Goldman Sachs que gestionaban el GSCI elaboran la siguiente estrategia: se dedican únicamente a comprar a futuro; cuando llega la fecha límite vuelven a renovar la compra aunque el precio de esos futuros esté altísimo. El propósito es acumular compras de materias primas que van a durar siempre y a crecer siempre. De esta forma se transforman los contratos de futuros de alimentos que tienen una fecha en contratos sin fecha. Han creado un producto en el que invertir dinero y en el que se va acumulando cada vez más dinero durante años y años.


En este momento os preguntaréis: ¿pero por qué siempre aumentan los precios?

Lo que ocurre normalmente es que los precios fijados en los futuros son inferiores a los precios reales al contado. Sin embargo, el efecto de los fondos de índices de materias primas es el de empujar a los mercados de futuros de productos básicos a la situación inversa, provocando un círculo vicioso de precios continuamente subiendo: los mayores precios de los futuros llevan inicialmente a pequeños aumentos de los precios al contado; los vendedores retrasan las ventas en previsión de mayores aumentos de precios, y los compradores aumentan sus compras para acumularlas por temor a que los precios crezcan aún más en el futuro. Resultado: los precios suben continuamente. El incremento de los precios al contado provoca un incremento de los precios de futuro. Los especuladores acuden como moscas a la miel y se reactiva todo el proceso.

La ex compañía Lehman Brothers reveló que el volumen de especulación en fondos índice aumentó un 1.900% entre 2003 y marzo de 2008. Morgan Stanley estimó que el número de contratos pendientes en futuros de maíz pasó de 500.000 en 2003 a casi 2,5 millones en 2008. Las tenencias de fondos índice de productos básicos crecieron desde 13.000 millones de dólares en 2003 hasta 317.000 millones de dólares en 2008. El Informe sobre el Comercio y el Desarrollo 2009 de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) observó que la frecuencia de los cambios de precios no guardan relación alguna con el funcionamiento básico del mercado. El Banco Mundial reconoce que sólo el 0,5% de los contratos de futuro terminan canjeándose por los alimentos. El resto de los contratos se venden y compran decenas de veces y cada vez que cambian de manos se especula con la subida y bajada de su valor . En realidad nadie quiere comprar estos alimentos y sólo se especula. 



La entrada de estos perniciosos productos fue posible gracias a la liberalización de normas en los mercados de derivados financieros de materias primas a partir de 2000.

Bancos y multinacionales sin escrúpulos enseguida se apuntaron a esta nueva forma de hacer dinero. La adopción de una regulación estricta que garantice la transparencia y deje al descubierto la especulación pura y dura frente a los que utilizan el mercado de futuros porque tienen un interés real en comprar o vender el alimento en sí, es de máxima urgencia teniendo en cuenta la relación que existe entre los fondos de materias primas y el incremento continuo del precio de los alimentos. Tal y como está la regulación hoy en día, se podría permitir y de hecho ocurre que con unos cientos de millones de euros se adquirieran en contratos de futuros grandes cantidades de alimentos concentrando en una compañía la propiedad de todas las existencias de un determinado producto en un continente. ¿No deberían estar controladas estas operaciones?

Ziegler afirma que la solución está diseñada pero todavía no se ha puesto en práctica: “Los alimentos deben ser retirados de la especulación. Han de ser declarados bien público y su precio fijado por negociaciones entre países productores y países consumidores. El sistema para poder hacerlo lo elaboró la UNCTAD, pero las grandes corporaciones multinacionales han logrado descartarlo”.

Y no sólo las grandes empresas, también los políticos han tumbado los intentos de adoptar una regulación que controle estos productos especulativos. La campaña para evitar el control empezó cuando en 1999 se abolió la Ley Glass-Steagal, operativa justo después del crack del 29 que separaba por ley la banca comercial de la especulativa. Después se inventaron los artilugios financieros de los que hemos hablado y el lobby financiero (Morgan Stanley, Deutsche Bank, JP Morgan, Goldman Sachs y UBS ) se las arregló para que no se regularan. Ellos mismos crearon su propia “regulación”, el ISDA (International Swaps and Derivates Association).

Para rematar la situación, en 2000, se aprobó la ley estadounidense de modernización de futuros de materias primas (Commodity Furtures Modernization Act), que dice que los instrumentos derivados extrabursátiles u OTC y que las nuevas artimañas financieras quedaban exentas de la supervisión de la Comisión de Contratación de Futuros de Mercancías de los Estados Unidos (CFTC). De resultas de la aprobación de la ley y de las decisiones de la Comisión, se permitió que ese tipo de operaciones tuviera lugar sin límite alguno en cuanto al volumen, sin requisitos en materia de declaración ni supervisión reglamentaria.

Como veis hay una absoluta falta de control de estas operaciones. Mientras esta situación prosiga el derecho humano a la alimentación estará desprotegido y sin garantizar y el número de víctimas de hambre en el mundo crecerá sin remedio. La opinión pública tiene que ser consciente y presionar a los políticos y corporaciones para que se deje de especular con la comida y se extingan definitivamente estas prácticas abobinables.


Algunos enlaces interesantes sobre el tema:

Navegando sobre los meandros de la especulación alimentaria

World Delepment Movement