miércoles, 20 de marzo de 2013

Los Olvidados: Guatemala, la memoria traicionada

Recientemente ha dado comienzo, en Argentina, el juicio a 25 presuntos responsables de las desapariciones de 106 personas, la mayoría uruguayas, acaecidas durante la llamada Operación Cóndor ideada por los gobiernos militares de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay para detener, intercambiar y eliminar opositores durante las décadas de 1970 y 1980. Entre los imputados se encuentran los ex presidentes argentinos Jorge Rafael Videla y Reynaldo Bignone. Un juicio histórico según las organizaciones humanitarias y, por supuesto, los familiares de las víctimas. Sin embargo no es en este juicio en el que quiero detenerme si no en el menos mediático de Jose Efrain Rios Montt, presidente de Guatemala durante 1982 y 1983. Probablemente a cualquiera que le preguntemos por dictaduras y crímenes contra la humanidad en sudamerica nos hablará, con total seguridad, de Pinochet en Chile, un gran número de Videla en Argentina, otros de Castro en Cuba... pero ¿cuantos nos hablarían de Rios Montt y el genocidio guatemalteco? 





Es curioso como nuestra memoria colectiva se ve claramente sesgada en casos como el que nos ocupa. Pero ¿a quien culpar? Principalmente a nuestra falta de interés y también, por supuesto, a unos medios de comunicación que, tal y como reconocía uno de los responsables del programa En Portada de RTVE cuando viajaron a Guatemala “Quería denunciar una de las más grandes injusticias que hemos cometido los periodistas en Latinoamérica: silenciar el genocidio cometido contra los indígenas por regímenes militares como los de los generales Fernando Romeo Lucas García y José Efraín Ríos Montt”. Llama la atención ese silencio, deliberado o no, teniendo en cuenta la magnitud de los crímenes.

Posiblemente el corto periodo en el que Rios Montt estuvo en el poder sea el más negro de la ya de por si más que negra historia de la Guatemala contemporanea. Las matanzas de campesinos y población indígena, la práctica de tierra quemada, sobre todo en Quiché y Huehuetenango, fueron una actuación generalizada. Este proceder, del que el mismo Rios Montt se jactaba, constituyó un genocidio a gran escala de las comunidades amerindias, que conforman la mitad de la población guatemalteca. Las organizaciones pro Derechos Humanos han cifrado en 10.000 las ejecuciones extrajudiciales y en 100.000 los refugiados. En el informe elaborado por la Comisión para el Esclarecimiento Histórico, auspiciado por la ONU, se calculaba que 448 aldeas, mayormente de población indígena mayas, fueron destruidas.

Como digo, el mándato de Rios Montt puede ganarse el triste honor de ser el más sangriento, pero las violaciones de los derechos humanos fueron generalizadas durante los 36 años, desde 1960 a 1996, de conflicto armado interno. Entre 200.000 y 250.000 personas fueron sometidas a desaparición forzada o ejecutadas extrajudicialmente. Según el informe anteriormente mencionado el ejército guatemalteco y sus aliados fueron los responsables de la inmensa mayoría de los abusos, desapariciones, ejecuciones y torturas. De las 669 masacres documentadas por la comisión 626 fueron atribuidas a las fuerzas del Estado. No olvidemos, sin embargo, aquellas matanzas acometidas por la guerrilla, si bien menores en número, igualmente denunciables. Muy pocos de estos actos han sido juzgados y siempre imputando a militares de bajo rango.

Aún en 2012 el agente del Estado y secretario de Paz de Guatemala, Antonio Arenales, declaraba ante los jueces de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, con sede en Costa Rica, que en su país nunca hubo genocidio. De esta manera pedía que dicho tribunal se declarara incompetente de resolver el caso interpuesto por representantes de las víctimas. Según Arenales en 1996 se firmó una ley de amnistía para los delitos cometidos durante el conflicto armado y muchos de los pobladores de Río Negro no habían querido acogerse al Programa Nacional de Resarcimiento para las víctimas del conflicto. "Esperamos que la Corte declare improcedente la tipificación de genocidio, algo que nunca ocurrió en Guatemala y que no corresponde a esta Corte su reconocimiento ni sanción", apuntaba. De ahí el valor histórico y moral del juicio que ahora comienza.



Pero si bien sabemos de la dificultad de la justicia para llevar a los tribunales a los causantes de semejantes matanzas en sus propios países aún más triste me parece, en lo que nos atañe, el olvido por parte de nuestros medios de comunicación y, por ende, de la población en general, al que se somete a las víctimas según su lugar de procedencia. Nuevamente se da más importancia a los asesinados, torturados o desaparecidos según sea su origen incluso perteneciendo al mismo área geográfica y siendo idénticos los crímenes perpetrados. Desde aquí solo quiero poner mi modesto granito de arena en forma de recuerdo y homenaje para denunciar la memoria traicionada de las víctimas del genocidio guatemalteco.




El silencio cerrado
Nadie abrió la boca
ni nadie dijo nada.
Y ese silencio, hermanos,
nos ha vuelto culpables.
Nos quedamos callados,
ni una protesta
Ni una sola palabra
se pronunciaron.
Nada se dijo
y todos fuimos cómplices
de los canallas
Todos quedamos con las manos
embarradas de lodo.
...
Y es que la bestia anda suelta.
En todos los corazones.
Y ese silencio de todos
Es el silencio de la bestia saciada,
Es el silencio del culpable
de los cómplices.

Isabel de los Ángeles Ruano