martes, 24 de abril de 2012

Historia de una crisis

España tendrá que ahorrar alrededor de 34.000 millones de euros en 2012. El Gobierno prevé que la economía se retraiga un 1,7% del PIB (en el primer trimestre del año se ha contraído ya un 0,4%) y que el paro aumente en 631.000 personas más durante este año. Los Presupuestos Generales del Estado 2012 presentados por el ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro, son de una austeridad que roza la indigencia. Ante este panorama devastador que no da tregua, he intentado dedicar un rato a pensar cómo empezó todo, cuál es la explicación de la catástrofe: ¿Cómo hemos llegado a esta situación?      

Para tener un poco de perspectiva hay que retroceder unos cuantos años. ¿Os acordáis de lo que estabais haciendo en 1997?

Entre 1997 y 2001 las empresas vinculadas a Internet se creaban como churros, el crecimiento de sus valores económicos fue espectacular. Comprando y vendiendo acciones, de un día para otro, uno podía amanecer forrado hasta las trancas. Claro, la caída fue grande y los efectos de tanta especulación, desastrosos. En 2002 explota la burbuja tecnológica. Es curioso que en España comenzamos en aquella época a inflar otra burbuja, la inmobiliaria. El gobierno de Aznar reformó la ley del suelo como primer soplido para hincharla. El resto lo hicieron la inmigración, la especulación y el exceso de crédito.


Después del batacazo tecnológico, el Sistema de Reserva Federal de los EEUU y el Banco Central Europeo bajan los tipos de interés con la intención de recuperar la economía. Con unos tipos muy bajos, los bancos se ponen a repartir indiscriminadamente préstamos a clientes con dudosa solvencia. Para curarse en salud, y en este caso ha servido para todo lo contrario, las entidades financieras crean una especie de pólizas de seguro formadas por paquetes en los que se cuelan esos créditos impagables; estos paquetes se van a convertir en armas financieras de destrucción masiva por la falta de regulación al respecto. Las compañías calificadoras, de las que ahora tanto dependemos, no alertaron del contenido tóxico de estos productos.

El negocio se globalizó y un sin fin de instituciones financieras se amarraron unas con otras al tener este tipo de deudas, lo que las llevó a su propia destrucción y la del sistema financiero.




En agosto de 2007, los Bancos Centrales tuvieron que intervenir para proporcionar liquidez al sistema bancario. Tras varios meses de debilidad y pérdida de empleos, el fenómeno colapsó entre 2007 y 2008, causando la quiebra de medio centenar de bancos y entidades financieras como el banco de inversión Lehman Brothers, cuyo presidente en España en 2006 era, vaya por Dios, Luis de Guindos, nuestro actual ministro. También cayeron las compañías hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac o la aseguradora AIG. Este colapso arrastró a los valores bursátiles y la capacidad de consumo y ahorro de la población. En España, esta vez con el presidente Zapatero, el mercado inmobiliario empieza a hacer aguas. La crisis financiera hace que no se concedan créditos para absorber el exceso de oferta. Por supuesto, los especuladores ya habían abandonado el barco antes del choque con el iceberg: en el segundo semestre de 2006 los bancos empiezan a desprenderse de sus participaciones en inmobiliarias: La Caixa vende su participación en Colonial, Banesto vende su participación en Urbis y Caja Madrid vende su participación en Realia y en la inmobiliaria Sotogrande.


Paralelamente, y no por ello sin interconexión con los acontecimientos relatados hasta ahora, el incremento de los precios de las materias primas en 2008 —principalmente subida del precio del petróleo y de la comida— comenzó a causar verdaderos daños económicos, amenazando con problemas sociales en los países que se encuentran en vías de desarrollo, provocando la recesión y la inflación. En cuanto al petróleo algunos expertos piensan que la cotización al alza es puramente especulativa y que el repunte se debe a que esta especulación se está extendiendo al largo plazo. Según esta teoría, los especuladores estarían adelantándose a un fuerte crecimiento de la demanda (previsto por el fuerte crecimiento de China e India), disminuyendo la oferta, o las dos cosas. En cuanto a la execrable especulación sobre el precio de los alimentos, según la FAO, de 2010 a 2011 los precios internacionales de los cereales habían aumentado cerca del 70%.


En 2009 se invierte el proceso y se produce una bajada generalizada y prolongada del nivel de precios de bienes y servicios debido a la bajada de la demanda. Las empresas bajan los precios de los productos, la gente no compra esperando a que bajen más y las empresas se empiezan a ir al garete o recortan las plantillas y la inversión, lo que a su vez lleva a una disminución de la demanda y se produce un círculo vicioso en el que todavía estamos metidos. Es la época en España del célebre Plan E del gobierno de Rodríguez Zapatero que costó 11.000 millones de euros y que se suponía que iba a dar 300.000 empleos. También se dedicaron este año y el siguiente 35.000 millones a financiar PYMES y Viviendas de Protección Oficial. Se hizo el Plan Renove, el Plan VIVE, la reforma de Aena, la de Renfe, la de los puertos. Pero todo fue en vano, pan para hoy y hambre para el mañana. Pronto comenzaron los recortes, tan familiares en los tiempos actuales. 

Pero volvamos a la situación mundial, la de la deflación: ante esta situación, parece ser que la posible solución pasa por aplicar dos tipos de medidas a la vez: bajar los tipos de interés y aportar fondos a las entidades financieras para fomentar el crédito a familias y empresas, por un lado, e incrementar el gasto público para dinamizar la economía por el otro. 

En Europa, el Banco Central Europeo fue incapaz de prevenir la crisis, tomó las primeras medidas con retraso y éstas básicamente fueron austeridad y contención del gasto público, que en parte han hecho que el crédito escasee y han dificultado el acceso a financiación de consumidores y productores. Parece ser que no interesa la inversión pública. 



Como sabéis, España ha seguido a rajatabla lo dictado por el BCE, el FMI y el Banco de España. Esto lo viene haciendo desde los últimos tiempos de Zapatero y ahora mucho más con el gobierno de Mariano Rajoy. Las reformas-recorte del PP, los hipócritamente llamados ajustes, y las subidas de impuestos son la causa del incipiente deterioro social. Su reforma laboral nos está pasando y nos pasará factura en las generaciones futuras, que verán cómo se trabajará por poco dinero y en pésimas condiciones en pro del éxito empresarial, además de no estar contribuyendo al descenso del paro, sino al contrario. ¡Bienvenidos a 2012! 

La codicia delirante y el oportunismo personificado en la especulación, sumado a la falta de medidas de control e ineptitud demostradas por parte de las autoridades financieras y políticas de los países, han sido el eje fundamental sobre el que se ha ido dibujando la lamentable y peligrosa situación en la que nos encontramos. Independientemente de que salgamos o no de la crisis y de cómo lo hagamos deberíamos tomar nota y cambiar nuestro sistema de valores basado en la consecución de riqueza a costa de lo que sea, aunque ello signifique hipotecar el planeta y reducirlo a un infierno de desigualdades extremas en el que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres más pobres y más numerosos. 

El origen real de la crisis económica es otra crisis mucho más grave e importante: la ausencia de valores en la conciencia de la gente como la igualdad, la solidaridad, la honestidad y la justicia, y la abundancia de otros como la codicia, el egoísmo y la insensibilidad ante el sufrimiento humano.

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