jueves, 10 de mayo de 2012

La inmoralidad de las altas esferas

Yo no sé si estamos perdiendo la capacidad de indignación o por el contrario la tenemos tan al límite que no queremos forzarla más para no explotar y mandar todo al carajo. El caso es que todos los días en los medios de comunicación se hacen declaraciones que deberían causarnos una incómoda desazón o por lo menos una gran perplejidad. Si estas declaraciones las hicieran personas de dudosa conducta, timadores de medio pelo o demagogos enfermizos podríamos achacarlas a su naturaleza y no darles mayor publicidad que el chascarrillo del café matutino y unas risas con los amigos en un bar. Pero no, no se trata de gente desalmada y con más cara que espalda, no,… se trata de declaraciones realizadas por cargos públicos y de gran responsabilidad. El presidente del Gobierno Mariano Rajoy dijo en Onda Cero el 7 de Mayo que hará cualquier cosa que sea necesaria, aunque no le guste y aunque hubiera dicho que no la iba a hacer.

Entonces, cuando uno se presenta a unas elecciones y pide el voto ¿para qué lo pide? ¿para apoyar lo que va a hacer o para apoyar lo que no va a hacer? Creo que la respuesta es obvia, entre otras cosas, porque lo que no se va a hacer, nadie sabe lo que es. El señor presidente lleva desde que empezó a gobernar tomando medidas que rechazaba en la oposición y que por supuesto no estaban ni por asomo en su programa electoral: subida de impuestos, recortes en educación y sanidad, bajada indirecta de las pensiones a través de la subida del IRPF, reforma laboral agresiva y sin acuerdo con los agentes sociales, amnistía fiscal para los defraudadores y ahora nacionalizaciones de bancos.





El hecho es que no se puede poner como excusa la situación del país en crisis para desmentirse de lo que se dijo que se iba a hacer. Primero porque el PP en la oposición contra ZP y en sus gobiernos autonómicos ya podía intuir e incluso constatar la magnitud de la crisis; por lo tanto, está mintiendo al decir que esta situación no se la esperaba. Y segundo, e incluso más grave, porque el programa de un partido y las declaraciones públicas son la guía de voto del electorado. Si no se sigue el programa prometido a la hora de gobernar, ningún partido será digno de confianza y nuestra democracia será una farsa fundamentada en campañas de marketing plagadas de mentiras para conseguir el voto. Si no se puede hacer lo que se quiere hacer,  se dimite y ya está. Les votamos para que hagan lo que nos prometieron. Por eso votamos a un partido y no a otro. Es lo que tenía que haber hecho Rodríguez Zapatero cuando dejó de hacer política socialdemócrata o cuando los mercados le presionaron para que empezara a apretarnos las tuercas. Y es lo que tendría que hacer el señor Rajoy para salvaguardar su credibilidad, una de las cualidades más valiosas que debe tener un buen aspirante a gestionar el dinero público, que en definitiva es lo que deberían ser principalmente los políticos.



El presidente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y del Tribunal Supremo, Carlos Dívar, ha sido denunciado por una supuesta malversación de fondos públicos por el vocal progresista del órgano de gobierno de los jueces José Manuel Gómez Benítez. En la denuncia, el vocal acusa a Dívar de haber pagado con fondos públicos, por un valor de cerca de 6.000 euros, el importe de una habitación en un hotel de lujo de Marbella y varias cenas en esa misma localidad, durante seis fines de semana. El acusado ha asegurado que asumió los gastos personales de sus viajes y que los cargados a los presupuestos del órgano de gobierno de los jueces están "perfectamente" documentados y justificados. Hasta aquí, otro caso más de supuesta malversación de fondos, pero el señor Dívar, en declaraciones a la cadena SER, valora ese dinero como “miseria”. ¡Seis mil euros! Una cantidad con la que la mayoría de los trabajadores, no digamos de los parados, tirarían una buena temporada con el desahogo que ahora no tienen para llegar a fin de mes. O un dinero con el que podrían irse de vacaciones con sus familias por lo menos tres años, eso sí, no al hotel de lujo que va Don  Carlos  ni dándose las cenas que se da este señor, todo pagado de su bolsillo según él. Lo que no ha pagado de su bolsillo son los 27.000 euros que cuestan los escoltas que se desplazan con él cada vez que se va a Marbella en viaje de placer. Si le caen esos 27.000 a los curritos o los parados de antes, se pondrían más contentos que Simeone al ganar la Uefa League. Por cierto, este señor es el presidente del órgano de gobierno del Poder Judicial de España, cuya función principal, según el artículo 122 de la Constitución Española, es velar por la garantía de la independencia de los jueces y magistrados frente a los demás poderes del Estado. Ya podía dar mejor ejemplo y no olvidar nunca lo que representa.



Otra: el Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, declaró en una entrevista para la NBC emitida el 3 de mayo de este año que el día más importante de su mandato fue aquel en el que murió Osama Bin Laden, líder de Al Qaeda. Obama decidió, según él, bajo su única responsabilidad, “enviar a los suyos para tratar de capturar o matar a Bin Laden”. Todos sabemos cómo acabó la historia: con el asesinato de Bin Laden a tiros y su entierro en el mar, eso sí, respetando las tradiciones islámicas, como dijo el consejero para la lucha antiterrorista de la Casa Blanca, John Brennan. ¡Qué considerado! Por cierto, ayer volví a releer lo siguiente: "por sus extraordinarios esfuerzos para fortalecer la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos". Estas son las razones que expuso el comité de los Nobel al otorgar el Nobel de la Paz al señor Obama en 2009. Está visto que el concepto de la paz se ha relativizado, como casi todo.


Vivimos en un mundo donde la falsedad se enmascara para confundir, convirtiendo la opinión en una mascarada a la que estamos tan acostumbrados que ha dejado de sorprendernos aunque a veces sólo se trate de una sarta de vulgares mentiras.