martes, 8 de mayo de 2012

Francés y griego, no tan opuestos

Este fin de semana hemos asistido, desde el balcón con vistas a Europa, a dos elecciones de gran importancia para el futuro cercano de la Unión Europea. Importancia desde distintas ópticas pero importancia al fin y al cabo. Francia, no descubro nada, es uno de los motores políticos y económicos europeos, junto a Alemania, y por lo tanto su devenir nos afecta a todos. Grecia, si bien su peso económico es ínfimo, lo cual se convierte en una losa para ellos, también tiene importancia como espejo social en el que mirarnos. Todos los medios hablan del auge de los extremismos en el caso griego en contraposición a un nuevo modelo de lucha contra la crisis en el caso francés. Pero ¿son realmente tan opuestos?



Las elecciones griegas nos dejan vislumbrar un camino por el que, tarde o temprano, corremos el peligro de transitar todos los países desencantados con los partidos tradicionales que nos han llevado a esta crisis o, como puede ser nuestro caso, nos hacen profundizar aún más en ella. Y lo han hecho acabando con el bipartidismo representado, desde 1974, por los conservadores de Nueva Democracia y los socialistas del Pasok. Los dos grandes partidos, gobernando sucesivamente, han hundido al país en la miseria y se han plegado a las políticas de austeridad brutal impuestas por Alemania para acceder al rescate europeo. Aunque más bien parece que esta mano tendida desde Europa sea una mano al cuello. Entre ambos partidos han logrado el 32% de los votos, lo cual supone un descenso radical frente al 78% de 2009. Conjuntamente suman un total de 149 escaños, debido a que la legislación griega otorga 50 escaños extra al ganador de la elecciones, y aún así no podrían formar un Gobierno de coalición puesto que deberían llegar a 151.



El cambio en la orientación del voto no está, como todos se empeñan en resaltar, en el ascenso de la extrema derecha, que aún no siendo escandaloso cuantitativamente sí es preocupante debido a la frágil victoria de Nueva Democracia. Aurora dorada, el partido neonazi, ha obtenido el 6,97% de los votos, lo cual les supone 21 escaños que podrían hacerlos determinantes como socios de gobierno. El verdadero vuelco se lo han dado al PASOK, que pasa a ser la tercera fuerza más votada en beneficio de la Coalición de Izquierda Radical. Ambos partidos, por la izquierda y por la derecha, se oponen a los acuerdos firmados por el gobierno griego con la troika a cuenta del rescate lo cual hace otear en el horizonte la posibilidad de unas nuevas elecciones. Nuevamente Grecia se encuentra en la encrucijada teniendo que elegir susto o muerte

Por el lado francés me sorprenden los cantos de sirena a cuenta del renacimiento de la izquierda en Francia y por extensión en Europa y su nuevo modelo de enfrentarse a la crisis. Primero me sorprende puesto que aún está por ver como gobierna François Hollande el barco una vez pasadas las elecciones y con ellas las promesas electorales. Todos sabemos, en España tenemos un caso palmario, que es más fácil enfrentarse a la crisis desde la oposición que una vez instalados en la realidad del gobierno. Aún así creo que es buena una nueva visión que haga de contrapunto al eje monolítico que formaron Merkel y Sarkozy. Quizá así encontremos la virtud del término medio. Por otro lado me sorprenden las constantes referencias, desde el PSOE, a este triunfo cuando no es más que la continuación del camino abierto en todos los países Europeos desde el inicio de la crisis. Todos aquellos que estaban gobernando durante los años de mayor virulencia de la recesión han perdido el poder. No en vano Sarkozy se ha convertido en el decimo noveno líder europeo que pierde el gobierno en Europa en los últimos tres años. Es posible que el hartazgo a las políticas de austeridad haya tenido que ver pero, teniendo en cuenta lo ajustado del resultado, no tanto como el castigo a los gobiernos de la crisis, llamémosles así. De hecho, en la mayoría de los casos, la tendencia en Europa ha sido sustituir partidos de izquierda por sus rivales conservadores. Por eso, yo en caso de ser Rubalcaba, me mantendría en un plano más discreto puesto que él no representa el caso de Hollande si no el de Sarkozy, es decir, el del partido gobernante que pierde las elecciones arrollado por la crisis. 





Pero lo que más me interesa poner de manifiesto es la similitud entre el caso griego y el francés que no es tan opuesto como los resultados finales aparentan. La clave es que en ambos casos se dirimían distintas formas de gobierno. En Grecia se votaba al parlamento mientras en Francia se decidía quien iba a ser el Presidente de la República a segunda vuelta. Y esta segunda vuelta, en la que solo se presentan los dos más votados en la primera en caso de no obtener ninguno más del cincuenta por ciento de los votos, es la que parece haber hecho olvidar los resultados en la primera ronda de estas elecciones. El nuevo presidente de la República, François Hollande, obtuvo el 28,6% de los sufragios, solo 1,5 puntos por delante de Nicolas Sarkozy. Pero lo realmente destacable, lo que le asemeja al caso griego, es que la extrema derecha del Frente Nacional, liderado por Marine Le Pen, logró el 18% de los votos y el candidato del Frente de Izquierda, Jean-Luc Mélenchon, obtuvo el 11,7%. Como ven, en el caso francés, a diferencia del griego, es la extrema derecha la que se alza con la tercera posición. Está claro que el ascenso del voto radical es más que significativo en ambos casos. 

Habrá que ver como se traducen estos resultados cuando los franceses concurran a las elecciones legislativas del 10 y el 17 de junio y decidan la composición de la cámara. Más allá de si Hollande se ve o no refrendado por una mayoría de izquierdas en la Asamblea Nacional habrá que estar expectantes al ascenso de los extremismos, principalmente del Frente Nacional. Como ven, el griego y el francés, en contra de lo que podría parecer, no son tan opuestos como pensábamos.


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