viernes, 4 de noviembre de 2011

Grecia de vuelta en las Termopilas


Como si de un nuevo paso de las Termopilas se tratase el Gobierno griego debe tomar la decisión más adecuada haciendo malabarismos entre lo que considera su interés económico, su interés político y, por así decir, su interés ciudadano. Aunque estos dos últimos van de la mano. Haciendo honor a su historia, Grecia se encuentra en una encrucijada que se antoja vital para su futuro y, parece, el de toda Europa. Y al igual que la Batalla de las termopilas los acontecimientos se suceden en poco más de ocho días.

Los persas llegan a las Termopilas 

Hace apenas una semana los persas, con Angela Merkel a la cabeza, anunciaban el acuerdo para llevar a cabo un nuevo plan para salir de la crisis. Un plan que se suponía, o más bien se deseaba, sería el principio del fin de dicha crisis. Las medidas consistían, a grandes rasgos, en una nueva recapitalización bancaria para hacerse fuertes frente a futuras obligaciones; la quita de la deuda griega y el aumento del fondo de rescate. Este plan lleva implícito tomar el mando de las operaciones en cuanto a lo que Grecia tiene que hacer para hacerse merecedor de dichas ayudas. Es decir, los persas se encaminan a la conquista.

El gobierno griego se enfrenta a una población cada vez más crispada a costa de las subidas de impuestos, los recortes públicos y el desempleo; por otro lado en el parlamento no cuenta con apoyos suficientes, con una oposición, liderada por Antonis Samaras, pidiendo su dimisión día sí, día también.

Leonidas toma posiciones 

Cinco días después, cuando los mercados se encontraban en pleno auge, el primer ministro griego, Yorgos Papandreu, nuestro Leonidas, anunciaba su intención de someter a votación popular la adopción o no de las medidas exigidas por la Unión Europea para salir de la crisis.

La encrucijada, como el primer ministro ha declarado, es clara. Por un lado se podían convocar elecciones para que así el gobierno que saliera de ellas gozara de la legitimidad de las urnas; se podía convocar un referéndum para obtener esa misma legitimidad del pueblo; o seguir adelante sin el apoyo de gran parte del parlamento y, aparentemente, de la población. La primera opción, al parecer, queda descartada de inmediato. Todos sabemos la parálisis que generan las elecciones con sus campañas electorales y posteriores cambios de carteras. Además, como buenos políticos mediterráneos no creo que quieran renunciar al poder tan fácilmente.

La traición de Efialtes 

El segundo día de la batalla el ministro de Economía y hombre fuerte del Pasok, Evangélos Vénizélos, tomando el papel del traidor Efialtes, dice no saber nada de la propuesta hasta que Papandreu la anunció y se muestra contrario al referendum. Hecho este que hace pensar, aún más, que se trataba de un órdago. Como la oposición no apoya las reformas no queda más remedio que convocar un referéndum. De esta forma deja en manos del pueblo la responsabilidad sobre las soluciones a tomar y sobre la oposición la culpabilidad por haber tenido que convocar la consulta.

La victoria de Jerjes 

Del resto se han encargado las presiones de Merkel, Sarkozy, el FMI y todo el que pasaba por Cannes estos días. Finalmente la oposición ha suavizado su postura y como ya no quedan hombres como los de las grandes leyendas al tercer día Leonidas-Papandreu ha anunciado que no se realizará el referéndum en lugar de morir en la batalla. 

El problema es la cara que se le queda a eso que llamamos el pueblo cuando se les dice que va a haber una consulta porque su respuesta es fundamental y luego se les dice que ya no hace falta. Vamos, la cara que se nos queda a todos normalmente cuando vemos que los políticos nos utilizan a su antojo para lograr sus fines y solo se acuerdan de nosotros cada cuatro años o, como es este caso, como infantería para defender las Termopilas mientras el resto se bate en retirada.