sábado, 26 de noviembre de 2011

Para lo que me queda en el convento...

Se está despidiendo por todo lo alto el gobierno de Zapatero en los estertores de su mandato. En la última semana ha entrado en vigor el pseudo-contrato de prácticas y para rematar la semana el consejo de ministros ha aprobado el indulto a Alfredo Saenz. Para que vamos a disimular, habrán pensado, para lo que me queda en el convento... 

Vayamos por partes. El viernes pasado entraba en vigor el Real Decreto por el que se regulan las prácticas no laborales en empresas. Es lo que se ha dado en denominar un contrato en prácticas con la peculiaridad de que no es un contrato. Es decir, no está sujeto al Estatuto de los Trabajadores, ni a los convenios colectivos ni la normativa laboral. Las “personas jóvenes”, como así las menciona el Decreto en lugar de trabajadores, de entre 18 y 25 años que accedan a este no-contrato podrán trabajar durante un periodo de entre seis y nueve meses con un salario equivalente al ochenta por cien del IPREM y sin ninguno de los derechos inherentes a un contrato laboral. Posteriormente la empresa podría ofrecerles un contrato en practicas, está vez sí pleno de derechos, con el mismo salario. Esto quiere decir que podrían estar prácticamente cuatro años trabajando por 426 euros al mes. 



La segunda medida postmorten consiste en el indulto a Alfredo Saenz de la condena que le impuso el Tribunal Supremo por acusación falsa cuando presidía Banesto. La concesión conmuta la pena de arresto mayor y la suspensión del ejercicio profesional por la multa máxima prevista para este caso. Como medida recaudatoria no está mal puesto que tendrá que pagar 144.000 euros a cambio de no tener que cumplir la condena. Para que nos hagamos una idea es como si a mi me multan con 500 euros, puesto que cobra alrededor de nueve millones de euros al año. 

Ambas medidas son significativas como muestras de coherencia d e un gobierno sostenido por un partido que entre su nombre y apellidos cuenta con los apelativos Socialista y Obrero. Y todo tras una campaña electoral en la que su gran baza ha sido acusar al Partido Popular, por activa y por pasiva, de futuros recortes y, como se suele decir, de ser amigos de los poderosos.