lunes, 28 de noviembre de 2011

Como mulas con anteojeras

Ya comentábamos la semana pasada, el día después del 20-N, que mal haría el PSOE en culpar exclusivamente a la crisis de la derrota en las elecciones. Tal tentación parece haber hecho presa en la mayoría del partido, al menos públicamente, cuando una semana después, en el Comité Federal, se da paso a la preparación del Congreso Federal para el próximo febrero sin apenas un asomo de autocrítica. Igual que las mulas con anteojeras siguen el camino de frente sin mirar lo que pasá a los lados y mucho menos atrás.



Únicamente la voz del Pepito Grillo por excelencia, Alfonso Guerra, fuera de la ejecutiva, ha mostrado una partitura con distintos acordes que el resto del coro. Si acaso unas tímidas voces referentes al futuro de la Secretaría General y del sistema de elección. Pero apenas se ha escuchada nada que indique que se asume la tan abultada derrota como propia de una mala gestión de la crisis a lo largo de la legislatura. El primer año de dicha legislatura estuvo marcada por los juegos de palabras sobre si estábamos en crisis, en recesión, en desaceleración acelerada o un simple reajuste mientras la economía global se iba desplomando como un castillo de naipes. El segundo año fue el de los brotes verdes y la fortaleza de nuestro sistema financiero, aquel que era el más alto, más fuerte y más guapo del mundo. No voy a entrar aquí en si el gobierno mintió por acción o por omisión, si fue falta de previsión o engaño manifiesto. Pero sí hay que poner en relevancia que mientras se discutía sobre semántica no se tomaba ninguna medida y casi dos años sin hacer nada por evitar la caída supone que hay empezar la ascensión desde muy abajo. 



Es por esto que las causas de la derrota no se pueden buscar solo en una crisis global, si no en la gestión que de ella se ha hecho o, más bien, en la no gestión que no se hizo. Es más, muchas de aquellas medidas no solo se mostraron insuficientes si no que fueron contrarias a las que después se tomaron en cuanto a reducción del déficit y control del gasto. Desde un principio dio la sensación de que el gobierno pensó que la crisis no iba a durar lo que la legislatura y que con poner unos parches para aliviar la situación habría suficiente para llegar a las siguientes elecciones, ya recuperados, y enfrentarse al elector con garantías. Es como si a un enfermo con un tumor cerebral se le dan unas aspirinas para que no le duela la cabeza en lugar de operarle. Al final no solo no se le habrá curado si no que cuando se quiera hacer el tumor estará mucho más extendido y la intervención será mucho más drástica si es que no es demasiado tarde. 

Paradójicamente al actuar así el Gobierno consiguió tener en contra a, prácticamente, todo el espectro ideológico. Los más conservadores vieron como no se tomaban medidas y las que se tomaban no iban en la dirección esperada. Tiempo después, cuando hubo que actuar de urgencia fue el otro sector el que se sintió engañado por un gobierno supuestamente de izquierdas recortando prestaciones, salarios públicos y reflotando bancos. 

La mayor muestra de la no asunción de responsabilidades es el hecho de que se baraje como más que probable la continuidad de Rubalcaba al frente de las operaciones como futuro Secretario General del partido. Alguien que ha perdido más de cuatro millones de votos en las últimas elecciones, muestra de que su proyecto no ha convencido, y que ha sido una de las cabezas visibles del gobierno saliente durante el ciclo que ahora termina, lo que se podría entender como que en el pasado tampoco acertó.