sábado, 19 de noviembre de 2011

Jornada de Reflexión

Hoy es la jornada de reflexión. Una rareza jurídica que, sin saber muy bien para que sirve, se lleva a cabo en algunos países. Pues eso, me he dicho, vamos a reflexionar. Mañana hay elecciones. Sí, ya sé que lo saben todos, pero de alguna manera tenía que comenzar. Probablemente, por no decir seguramente, a partir del lunes contemos con un nuevo gobierno o al menos con un nuevo partido con mandato para formarlo. Y esto me lleva a preguntarme por la alternancia y la aparente poca cultura democrática que hay en este país, antes llamado España. 

Lo que en la mayor parte de los países democráticos se ve como algo natural aquí es un auténtico drama. Hay, al menos, veinte millones de personas para las que el hecho de que gane un partido opuesto a sus ideas es un auténtico desastre. Es así por varios motivos; uno, a nadie se le escapa, es porque gran parte de votantes dirigen sus simpatías al bando por el que se decantaron ellos, sus padres o sus abuelos hace ochenta años. Sí, ochenta años después, un gran número de votantes sigue pensando en la guerra civil a la hora de depositar su voto. Fue un hecho grave que marcó a mucha gente y, aunque no lo comparta, lo entiendo. Aún así, muy razonable no parece decidir el futuro próximo en función de lo que pasó hace casi un siglo. 

Peor aún es el hecho de que nuestros políticos sigan echando leña a ese fuego para así poder asegurarse un suelo electoral. Políticos que deciden mantener a la población en un continuo estado de agitación porque así obtienen mayor rédito electoral. Les sale más rentable poner la diana en el partido contrario como si fuera un enemigo y no alguien con ideas distintas a las tuyas, unas más validas y otras menos. Ideas por las que debatir y no por las que insultar. Quizá sea pedir demasiado en un país donde nos encontramos aberraciones políticas como el llamado pacto del Tinell en el que tres partidos (PSC, ERC, ICV) incluían una clausula por la que se comprometían a no llegar a ningún tipo de acuerdo con otro partido (PP). Es decir, las propuestas no son buenas o malas por si mismas si no que depende de quien esté detrás de ellas. 



Lo que en otros países es normal, cambiar tu voto en función de las circunstancias o las personas que se presenten, aquí es ciencia ficción. Uno tiene un voto para toda la vida y a lo sumo, si está muy desencantado, no vota. Claro, que a esto también contribuye la escasa entidad y talla intelectual de nuestros representantes públicos. Ante la falta de ilusión y el desencanto que generan, la mayor parte de los electores deciden votar “en contra de” antes que “a favor de”.

Lo que en países de nuestro entorno se considera algo lógico aquí se vuelve impensable. El hecho de que un nuevo gobierno mantenga miembros del anterior o nombre alguien de otro partido. Da igual lo que valgas y los méritos que tengas. Si gana las elecciones un partido distinto al que te nombró échate a temblar.

Pues eso, reflexiones con las que estarán o no de acuerdo. Reflexiones, nada más. Ideas tan válidas como otras. Da igual de que partido sean. No tengan miedo. Voten. Razonen. Sopesen los pros y los contras. Piensen en el futuro. Miren más allá. No somos enemigos, da igual el partido. Somos vecinos, compañeros, amigos. Compartimos un mismo espacio y tiempo y es lo que nos une. Por suerte somos libres para pensar y elegir.