miércoles, 19 de diciembre de 2012

Artur Mas y Oriol Junqueras, dos hobbit camino de Mordor

Como si fueran los personajes principales de la popular saga de J.R.R Tolkien, El señor de los Anillos, Artur "Bolson" Mas y Oriol "Gamyi" Junqueras han escenificado el primer paso de su viaje cargados con su preciado tesoro, el anillo de la independencia, que años antes portara Ibarretxe, camino del Monte del Destino. Donde si nadie lo remedia, destruirán no este, si no la estructura de España tal y como la conocemos. Al igual que adivinaban los populares hobbit también ellos deberían pensar que es una aventura condenada al fracaso sea cual sea su resolución y que, en caso de conseguir llegar al final, no habrá retorno posible. La novela fantástica finaliza con el éxito de sus protagonistas, lastrados por numerosas cicatrices, y la derrota del malvado Sauron. ¿Será este también el final de la aventura de Mas y Junqueras camino de Mordor?

¿Lograrán Artur "Bolson" Mas y Oriol "Gamyi" Junqueras alcanzar el destino final?
El objetivo, a corto plazo, es convocar una consulta soberanista, dentro de dos años, con la mente puesta en la independencia de Cataluña. Es una camino pleno de obstáculos para el cual necesitarán valor, constancia y unión. Quizá acaben ambos luchando por poseer el anillo siendo este el que finalmente les devore a ellos. Pues al contrario que en la novela de Tolkien, nuestros dos protagonistas no tienen nada en común, más allá del destino final. 

Convergencia y Unió nace de la unión, valga la redundancia, de dos partidos, Convergència Democràtica de Catalunya, de ideología liberal y de centro-derecha, y Unió Democràtica de Catalunya, de ideología democristiana, en 1978. Está claro que es un partido conservador, vamos, de derechas, que ha representado tradicionalmente a la burguesía catalana y la estabilidad que ésta reclamaba. Nada más contrario pues a Esquerra Republicana de Catalunya. Su nombre no puede ser más descriptivo, partido de izquierdas favorable a la república y a la independencia de Cataluña. Único punto este último de coincidencia con CiU, desde hace poco, puesto que el partido conservador nunca se había mostrado tan abiertamente partidario de la independencia si no de más autogobierno. En cuanto a la estabilidad y moderación representada por CiU, que tradicionalmente ha reclamado gran parte de la sociedad catalana, nada más lejano a la realidad cotidiana de ERC, partido asamblearia que periódicamente se ha visto sacudido por movimientos internos inesperados. En sus orígenes, incluso, estuvo vinculado a la banda terrorista Terra Lliure, después de cuya disolución algunos de sus miembros se incorporaron a las filas del partido. Como ven, es más lo que les separa que lo que les une.

Personalmente no tengo nada en contra del ciudadano catalán, o vasco, o gallego, de donde sea, vamos, que no se siente identificado con España y sueña con que su región se convierta en un estado independiente. No hay nada malo en ello y no se puede luchar contra los sentimientos de cada uno. Ahora bien, sí estoy totalmente en contra de los políticos oportunistas e irresponsables. Aquellos que durante años han estado agitando el fantasma de la indepencia para obtener réditos políticos y económicos, hablando con ambigüedad, tirando la piedra y escondiendo la mano. Aquellos que en una situación como la actual, dominada por la crisis económica, en contra del sentido común no aparcan sus ansias políticas en beneficio del bien general. Parece más sensato emprender dicha aventura en tiempos de bonanza y estabilidad. Es como si un hijo, después de estar cuarenta años en casa, decide emanciparse cuando en la familia se encuentran todos en paro y acuciados por las deudas. Eso sí, antes les pide dinero a los padres para afrontar su nueva vida con garantías. Y por último, estoy también en contra, resultándome totalmente obsceno, del engaño manifiesto y reiterado con el que se pretende convencer a la ciudadanía catalana. Independientemente de si Cataluña es o no maltratada por España o si hay motivos históricos en los que apoyarse para formar un nuevo Estado, es totalmente absurdo cifrar las esperanzas y las ilusiones de la población, machacada por la crisis, en la independencia. Es un engaño vil hacerles creer que todo serán beneficios sin explicar que si estos llegan, lo harán a largo plazo. 

Miles de personas se manifestaron a favor de la independencia ¿Están claras las consecuencias?
¿Dónde está el debate, racional y sosegado, en el que se expogan los pros y los contras? En el que se explique a los ciudadanos catalanes que es probable que muchas grandes empresas abandonen su nuevo Estado antes incluso de que este nazca como ha pasado en Quebec, donde las empresas han iniciado un movimiento paulatino desde Montreal a Toronto. Un debate serio en el que se explique que la Unión Europea está formada por Estados, no por regiones, por lo que automáticamente Cataluña dejaría de formar parte de esta y además, para su futura incorporación, necesitaría del voto favorable de todos los países incluido España. O el efecto que tendría, también inmediato, en los ingresos de la Generalitat, o como quiera que se llamara, como el caso del IVA derivado de los intercambios comerciales entre Cataluña y el resto de España. Puesto que las exportaciones están exentas de IVA, ese dinero desaparecería de sus ingresos fiscales. ¿Les han explicado ya cómo piensan suplirlo? 

Como ven, el camino tiene más trampas que las que Gandalf les ocultó a los entrañables hobbitt, solo que esta vez son ellos los que las ocultan al resto de protagonistas de la función. Porque no lo olviden, por más que sean Artur “Bolson” y Oriol “Gamyi” los que se hayan puesto la capa de viaje, los que sufrirán las consecuencias, para bien o para mal, de su aventura, serán todos los catalanes y, por extensión, el resto de los españoles.