miércoles, 5 de diciembre de 2012

El futuro político de España, entre la nada y el radicalismo

Hace poco más de un año que se celebraron las últimas elecciones generales en España y ni siquiera llega a los doce meses el tiempo que lleva gobernando Mariano Rajoy y su equipo. Sin embargo, en este intervalo han pasado tantas cosas en forma de recortes, reformas, huelgas generales, órdagos independentistas, manifestaciones y protestas que la legislatura parezca ya agotada y el gobierno quemado políticamente y abandonado por la sociedad. Desde algunos sectores, no se si llamar mayoritarios puesto que es difícil dilucidar el apoyo social a las protestas, hace algún tiempo se está pidiendo un cambio de rumbo consistente en un adelanto electoral e incluso un proceso constituyente. ¿Un cambio de rumbo hacia donde? Me temo que el futuro de España, políticamente hablando, se mueva entre la nada ante la falta de alternativas ilusionantes y el radicalismo como única vía de escape ante el agravamiento de la crisis.

Rajoy y su gobierno, tras un año gobernando, se ven agotados y abandonados por la sociedad


En algunos países de nuestro entorno, ciñéndonos a Europa, vemos como la salida de la crisis está más cercana, aún persistiendo esta, o al menos no ha sido tan profunda como en España. Es por este motivo que en todos los países donde ha habido elecciones en los últimos años la crisis se ha llevado por delante al partido que gobernaba y el nuevo gobierno ha conformado un proyecto, si no ilusionante, si al menos creíble. Es el caso de Francia, por ejemplo, aún sumida en la recesión pero siempre con expectativas realistas de salir de ella. La sustitución de Sarkozy por Hollande fue vista, no solo allí si no en toda Europa, como un soplo de aire fresco y un contrapunto a las teorías económicas de Angela Merkel. En Alemania, donde la canciller ha sido elegida por séptima vez para llevar las riendas de su partido, vemos un ejemplo diferente. La población aún puede optar por seguir confiando en Merkel para capear el temporal o al contrario dar la alternativa al SPD, fuera de tareas de gobierno desde su aventura de coalición con la CDU. Es decir, y esto es lo importante, en otros países vemos como las esperanzas se mantienen, en mayor o menor medida, en quien sustituyó al gobernante fagocitado por la crisis o aún tienen alternativas.


Sin embargo el modelo español, por desgracia, se asemeja más al paisaje griego. Las elecciones dieron paso a un escenario donde los dos partidos mayoritarios perdieron gran parte de sus apoyos tradicionales, más el Partido socialista que era quien gobernaba anteriormente, y el ascenso de partidos radicales por un lado y otro del espectro político. Es decir, el resultado son partidos con mayorías débiles viéndose obligados a formar coaliciones múltiples prácticamente imposibles de mantener en el tiempo lo que va en perjuicio de la gobernabilidad.

Y he aquí lo que me preocupa, la traslación de ese modelo a España. Viendo el cansancio general ante las políticas del Partido Popular, con apenas un año en el Gobierno, la alternativa, obviamente, nadie la ve en un Partido Socialista inmerso en un laberinto de líderes, regiones e ideas que gobernó los ocho años anteriores. Con seguridad esto dé lugar a un ascenso de los otros dos partidos de ámbito nacional con representación significativa como son UPyD e Izquiera Unida y, probablemente, de los partidos nacionalistas e independentistas. Por cierto, que nadie crea que la existencia del PP nos vacuna contra la irrupción de un partido más a su derecha con las consignas de las que son caldo de cultivo situaciones como la actual: racismo, xenofobia, antieuropeismo. Si alguien piensa que Rajoy representa a la extrema derecha que eché un vistazo, por ejemplo, a Aurora Dorada en Grecia o al Frente Nacional francés. No nos engañemos, una cosa son las ideas económicas liberales y otra muy distinta traspasar ciertos límites que, en general, nuestros partidos políticos tienen muy claros.

No nos creamos vacunados frente a la irrupción de un partido de extrema derecha
El escenario es una España ingobernable con los partidos mayoritarios debilitados hasta la extenuación y necesitados para gobernar de uniones con partidos que representan ideas distintas entre sí a veces alejadas del interés común de toda España. Por otro lado, si se produjese un vuelco real a favor de uno de los dos partidos de ámbito nacional antes mencionados que les pusiese en disposición de gobernar me pregunto si serían capaces de hacerlo, sin haber tenido estas responsabilidades antes, en una situación dramática como la actual. Pero esto, señores, sería otra historia. Al fin y al cabo, alguna vez tiene que ser la primera y ya hemos visto que lo malo conocido no es más que eso, malo.