lunes, 3 de septiembre de 2012

Los olvidados: Chad

Hace varios meses UNICEF inició una campaña, que pudimos ver en nuestras ciudades, para llamar la atención sobre la crisis alimentaria del Sahel. Sin ir más lejos, en este blog, justo a la derecha de donde están leyendo, pueden ver un enlace a la página de dicho organismo informando sobre el tema y solicitando nuestra ayuda. En los últimos días, uno de nuestros deportistas más universales, Pau Gasol, ha dedicado parte de sus vacaciones a recorrer el Chad, uno de los países más afectados por esta situación en un acto que le honra como persona mucho más que todos sus éxitos deportivos. Pero ¿qué sabemos del Chad?





Comencemos por unas cifras, siempre frías pero esclarecedoras. Chad es un país de gran extensión enclavado en el centro de África. Posee una población de once millones y medio de habitantes, relativamente pocos para su tamaño, de los cuales el 62% son extremadamente pobres. La esperanza de vida es de 49 años y la tasa de alfabetización es del 34%. El índice de desarrollo humano coloca al país centroafricano en la posición 183 de los 187 para los que se disponen de datos comparables con un índice del 0,328. Para hacernos una idea se considera desarrollo humano bajo un índice de 0,456 y la media mundial está en el 0,682. Está medición de la ONU intenta ser más precisa que los indicadores económicos al uso y se compone de tres dimensiones: salud, educación e ingresos.

Chad es un país dramáticamente desestructurado a nivel político y administrativo siendo uno de los países más corruptos del mundo. En la actualidad ostenta el poder Idriss Déby, que accedió al mismo tras un golpe de Estado en 1990. Desde 1996 se convocan elecciones que, como se pueden imaginar, son ganadas por él por abrumadora mayoría. Su antecesor, Chad Hissène Habré, permanece exiliado en Senegal desde entonces. Apodado el Pinochet africano ascendió al poder en 1982 tras liderar un golpe de Estado auspiciado por Estados Unidos y Francia, que veían en él un contrapunto al creciente poder de Gadafi en la zona. Su mandato se caracterizó por la represión absoluta llevada a la práctica por la temida Dirección de Documentación y Seguridad. Organizaciones internacionales como Amnistía Internacional o Human Rights Watch cifran el resultado de esos ochos años de terror en 40.000 personas asesinadas y otras 200.000 salvajemente torturadas. Para saber más no dejen de ver el documental El cazador de dictadores. Desde que abandonó el poder derrocado por el que era su Jefe de Estado Mayor vive en Dakar protegido por su gobierno mientras que desde todo el mundo se pide su procesamiento. Afortunadamente parece que algo está cambiando desde que Niangan Sall accedió a la presidencia de Senegal y, sobre todo, su nueva ministra de Justicia, Aminata Touré, activa militante por los Derechos Humanos. La secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, anunció recientemente que Estados Unidos aportaría un millón de dólares para este juicio.


Las víctimas podrán, por fin, descansar en paz pero, tristemente, este es el menor de sus problemas. Chad es uno de los países del Sahel más afectados por la falta de alimentos y la sequía. La FAO calcula que 15 millones de personas en la región se ven amenazadas por la inseguridad alimentaria. De estas, más de tres millones y medio viven en Chad. Lógicamente, el hambre se ceba en los más débiles, los niños. Unicef calcula que unos 127.000 menores de cinco años sufren malnutrición en el país centroafricano. La especulación alimentaria y el cambio climático son en gran parte culpables del descenso de actividad agropastoril que ha llevado a que este año haya un déficit de cereal, base de la alimentación, cercano al 30%. Las condiciones higiénicas agravan aún más esta situación. Para muestra un doloroso botón: la diarrea, enfermedad menor en nuestro mundo "civilizado", se lleva por delante a casi 16.000 niños en sus primeros cinco años de vida. 

Todo esto en un país que en 2003 recibió la mayor inversión de capital de la zona, 4.200 millones de dólares, a cuenta de sus reservas de petróleo. El Banco Mundial financió el proyecto a cambio de que el 80% de los ingresos obtenidos fueran destinados a programas de desarrollo humano. Ante la insistencia por parte del gobierno chadiano de reducir dicha cantidad en julio de 2006 se firmó una disminución al 70%. A pesar de promesas como el aumento del producto interior bruto en un 40% el hambre sigue siendo la tónica general. Para colmo, las empresas petrolíferas consumen ellas solas más de la mitad de la electricidad del país con el gasto de agua que ello conlleva mientras miles de personas recorren kilómetros para encontrar agua potable. Según el FMI el 52% de los ingresos públicos proceden del petróleo. 




El control de la renta petrolera y las expectativas frustradas de la población condujeron a una rebelión  a finales de 2005 que aún hoy continúa. Liderada por antiguos colaboradores de Deby tiene su centro de operaciones al este del país. Esta rebelión, como sucedía en el Congo, también tiene dimensión internacional. Al igual que el gobierno de Deby apoya logística y políticamente a uno de los grupos que luchan en el Darfur sudanés contra el gobierno de Jartum, este último hace lo propio con los rebeldes chadianos que cuentan con santuarios en territorio sudanés. A nivel europeo, Francia apoyó a Deby cuando subió al poder y continúa haciéndolo tomando parte activa en su lucha contra los rebeldes. Los ideales democráticos importan poco cuando el oro negro está de por medio.

Cuando inicié esta serie pensé llamarla Los olvidados por aquellos conflictos que un día fueron noticia pero con el tiempo desaparecieron de los medios. Todos sabemos que están ahí, haciendo un esfuerzo recordamos algunos nombres o hechos destacados pero apenas tienen un hueco entre nuestras preocupaciones cotidianas. Con el tiempo he ido ampliando mis puntos de interés en un intento de dar voz, aunque sea modestamente, a aquellos que para nuestros medios de comunicación no la merecen. Visto lo visto quizá hubiera sido más exacto bautizar esta serie como los ignorados. De nosotros depende que dejen de estarlo.


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