lunes, 8 de octubre de 2012

Rajoy se olvida de los derechos humanos por los intereses en Marruecos

Últimamente hemos vivido otro espectáculo lamentable de relaciones exteriores basadas en intereses económicos, políticos y estratégicos obviando un claro caso de atropello contra los derechos humanos elementales y las normas básicas del derecho internacional. Nuestro gobierno, Rajoy y siete de sus ministros, han asistido a la X Reunión de Alto Nivel Marruecos-España. También asistieron empresarios españoles encabezados por el presidente de la CEOE. Se reunieron con la patronal marroquí y con otros empresarios alauitas. En la reunión sólo se habló de negocios. El tema del Sahara y la falta de libertades de nuestro país vecino brillaron por su ausencia.


A España le interesa llevarse bien con el rey de Marruecos por varias razones. Y digo con el rey y no con el gobierno marroquí porque es el rey el que controla las Fuerzas armadas, él es el presidente del Consejo Superior del Poder Judicial y él es el presidente del Consejo Superior de Seguridad, bajo cuya tutela está el Ministerio del Interior. También él preside el Consejo de Ministros, excepto cuando delega esta tarea en el presidente del Gobierno.

Mohamed VI es el dictador superviviente de la Primavera Árabe después de mover hilos con presteza ante los primeros atisbos de revueltas y ofrecer una constitución y unas elecciones desvirtuadas que le seguían dejando como amo y señor del país. Las razones por las que nos interesa estar a buenas con el reino alauí son: su colaboración en el control de las fronteras, su complicidad en la lucha antiterrorista, la futura aceptación de un tratado de pesca entre Marruecos y la Unión Europea del que se aprovechen los pescadores españoles y mantener e incrementar las relaciones comerciales.



En Marruecos actúan cerca de 700 compañías españolas. Desde enero, España es el primer socio comercial de Marruecos. Este año los intercambios han crecido un 15% respecto a 2011, y en los primeros siete meses de 2012 las exportaciones de España se han incrementado en un 22%.

El problema está en que nuestros intereses en el país africano se utilizan como pretexto para encubrir y silenciar una situación de injusticia, un silencio cómplice ante las graves violaciones de los derechos humanos que se están produciendo en el Sahara Occidental. Instituciones como la Relatoría sobre la cuestión de la tortura de la ONU, u organizaciones independientes como el centro Robert F. Kennedy, han elaborado informes constatando las violaciones que las fuerzas de seguridad marroquíes cometen. Nuestro Gobierno debería asumir la tarea de tutelar y liderar el proceso de descolonización que anhela la población saharaui. Es una cuestión de responsabilidad política y legal. En vez de eso, se dedica a explotar un país confabulándose con una estructura de privilegiados construida por y alrededor de la familia real marroquí.


Los negocios que se hacen con Marruecos, fomentados por ambos gobiernos se desarrollan en el país africano prescindiendo de derechos sociales y laborales incuestionables: Inditex paga a sus empleadas de Tánger menos de 180 euros al mes por 65 horas de costura. Se exige horas extras sin remunerar a sus empleadas marroquíes, acumulando jornadas de 12 horas, 6 días a la semana. Los patrones marroquíes retienen las cotizaciones sociales de los trabajadores y no las abonan posteriormente a las autoridades correspondientes, por lo que los trabajadores quedan desprotegidos sin poder acceder a las coberturas de desempleo y baja por enfermedad. La firma del señor Ortega junto a otras importantes empresas españolas como El Corte Inglés, Cortefiel, Mango, Dolce&Gabanna, Mayoral… emplean sin contrato a menores de 16 años con pagas aún inferiores a la citada.

Nuestro Gobierno incentiva las inversiones empresariales sin tener en cuenta las prohibiciones que dicta la legalidad internacional sobre actividades económicas en territorios no autónomos. Prueba de ello es la reciente presentación de un mega proyecto de energías renovables con participación española y con plantas en la zona costera de El Aaiún y Bojador, es buena prueba de ello.
 

 
En el encuentro del pasado 3 de octubre los españoles no han escatimado los halagos. Juan Rosell, presidente de la CEOE dijo: "la confianza de Marruecos y España desde el punto de vista económico es evidente". Rosell felicitó a Marruecos por las reformas acometidas en los últimos meses: "Seguro que estas reformas redundan en el beneficio del pueblo y de su cohesión social y económica, y lo que es bueno para Marruecos es bueno para España", dijo. En rueda de prensa, el presidente Rajoy afirmó sentirse "muy a gusto, como uno se siente en casa de un amigo", y destacó el "cariño y respeto mutuo entre las casas reales de nuestros países".

Malas compañías basadas hipócritamente en intereses. El rey Mohamed censura periódicos como hizo con El País, cuando se hizo eco de los contenidos de un libro francés que hablaba sobre los negocios del rey. Le Roi prédateur (El Rey depredador) describe el tren de vida del monarca y de la corte. Además revela el pecado de Khalid Oudghiri, el que fuera el banquero más poderoso de Marruecos. Este propuso un plan para desvincular las empresas del rey de la economía marroquí. Oudghiri fue condenado en ausencia a 15 años de cárcel.


La imagen de Moulay Hassan, heredero de Marruecos que cumplió 9 años en el pasado mayo, inaugurando el zoo de Rabat, pasando revista a la guardia real y prestándose al protocolo del besamanos de los dignatarios que le acompañaron o dando el pistoletazo de salida de la carrera ciclista que lleva su nombre con las personalidades arrodilladas esperándole, son una prueba contundente de la esencia democrática y de la modernidad del país vecino.

Me imagino a nuestro presidente y al resto de su séquito, arrodillados y besando la mano del pre-adolescente para ver si con su gesto y el de no tocarles la fibra sensible del Sáhara y de Ceuta y Melilla se llevan una buena tajada de los negocios de su papá.



Entradas relacionadas:






Primavera árabe: estamos en ello








¿Por qué no te marchas, Mohamed?