domingo, 28 de octubre de 2012

La solución de la crisis está en nuestras manos

No sé si os pasará también a vosotros. Desde hace un tiempo abunda el desaliento en la gente con la que me cruzo. A unos les han bajado el sueldo, a otros les van a echar con una exigua indemnización después de años y años de trabajo. Veo como la gente no se permite ciertos gastos que no hace mucho consideraba razonables. Siento el miedo alrededor. La gente tiene hijos y muchas facturas que pagar. Nadie está seguro. Las empresas cada vez van peor. Estamos inmersos en un círculo del que no podemos salir. La economía no se reactiva porque no hay trabajo; como consecuencia no hay ingresos y si no hay ingresos o éstos han disminuido considerablemente, no se gasta. Las empresas no venden y cierran o echan a sus empleados con indemnizaciones generalizadas de 20 días por año. Nos han engañado. Los políticos nos dijeron cuando necesitaban nuestro voto que su máxima prioridad era el empleo. Desde que Rajoy llegó al poder hay medio millón de parados más ¿Y ahora qué podemos hacer? 




De momento, convencernos de que otra política es posible. Sólo se necesita coraje y desechar esa actitud de derrota y renuncia a un mundo mejor. Debemos propiciar que la gente que gestione nuestro país no malgaste el dinero de nuestros impuestos y persiga sin dudarlo cualquier atisbo de corrupción. Nuestro gobierno tiene que ser independiente del poder económico. Si no hay favores, no hay deudas. Los ricos deben pagar lo que tienen que pagar y no protegerse contra la recaudación a base de ingeniería económica y cómplices apoltronados en el poder. Nuestros jueces también deben ser independientes e incorruptibles. La división de poderes es fundamental y ahora no está garantizada.

Los acreedores (de los presupuestos para 2013, el pago de los intereses de la deuda son 38.589,55 millones) tendrían que esperar más para cobrar su dinero. Si no pagamos, ellos pierden también. Las reformas estructurales necesitan tiempo, porque son estructurales, no temporales. La valentía está en acometer las reformas y los arreglos de lo que está mal pero eso necesita su tiempo. No podemos regirnos por unas cifras máximas de déficit tan a corto plazo que sólo se consiguen destrozando en pocos meses un estado del bienestar que ha costado tanto conseguir.



Modificamos la Constitución para obligarnos a no endeudarnos, cuando sabemos que eso es una quimera. Sin embargo, la Constitución nos recuerda una serie de derechos que este gobierno y los anteriores pisotean continuamente como el derecho al trabajo y a la vivienda. Hay que acabar con la hipocresía y el cinismo. Basta ya de mentiras. Los presupuestos presentados por el gobierno no son los más sociales de la historia como vocifera el señor Montoro no incluyendo el dinero de la deuda en sus apreciaciones. Es una más de las mil y una mentiras de este gobierno. 

No es el momento de ahorrar. Hay que invertir en generar trabajo. Hay que proteger a los desprotegidos, hay que fomentar el empleo en general y el empleo femenino en particular a base de políticas de conciliación. Hay que renegociar la deuda y exigir que el Banco Central Europeo compre deuda en el mercado primario para aliviar la situación. Cuando la economía se reactive a base de incentivar el consumo y apuntalando la confianza de los inversores en un país serio, se irán acometiendo las reformas necesarias para que esto no vuelva a ocurrir. Hay que invertir en ecología, en investigación, en la generación de actividad económica alternativa al fracasado ladrillo y al eterno y solitario turismo. Hay que aumentar la carga fiscal de los rendimientos del gran capital y acabar ya con las Sicavs y los paraísos fiscales.

Para ello deberíamos formar un partido que asuma estos compromisos y pueda barrer del mapa a los partidos que estamos hartos de sufrir. Un partido que, utilizando la vía que nos dejan, pueda desde la legalidad cambiar esto desde dentro. Un partido que acabe con los privilegios de unos pocos, que afronte la ansiada reforma electoral, la separación efectiva de poderes y una reforma fiscal que sea realmente progresiva y que sirva para afianzar una sociedad bien gestionada y con recursos para mantener y mejorar un sistema que garantice el bienestar de todos sus ciudadanos. Un partido que gobierne con honradez y que le diga al poder económico especulativo: ¡Basta! Un partido que tome el Congreso por la vía de la legalidad. Un partido que nos represente.