Nuestra salud no es un juguete para los niños
Marcos tiene siete años, desde que nació sufre insuficiencia renal crónica y alguna cosa más. El 25 de diciembre, día de Navidad, ingresó en el hospital porque, tras más de seis meses de espera, el día 26 le iban a operar de un pie. Debido a su enfermedad renal siempre que requiere una intervención, por leve que esta sea, ingresa el día antes, le cogen una vía y le ponen suero. De esta manera su riñón, porque solo tiene uno, no sufre por el ayuno. Esto se traduce en pasar una mala noche, sumada a los nervios, antes de la operación. El caso es que el día 26 a eso de la una de la tarde su cirujana entra en la habitación y le dice que no le pueden operar, que debido a la huelga no hay personal suficiente y que se tiene que ir a casa y esperar una nueva cita para su operación. La historia que les acabo de contar es real, punto por punto, excepto el nombre del niño. Tan real como que les estoy hablando de mi hijo.