viernes, 21 de octubre de 2011

El Fin de ETA

Según el diccionario de la Real Academia Española la palabra fin tiene numerosas acepciones. En este caso nos vamos a quedar con dos de ellas, que son las que nos interesan: 1. Término, remate o consumación de algo; y 2. Objeto o motivo con que se ejecuta algo. ¿Y esto a que viene?



Pues viene a que me causa estupor la algarabía generalizada entre políticos y periodistas a cuenta del fin de ETA. Efectivamente, hay un comunicado que debe generar esperanza pero, al menos en mi caso, también desconfianza y cautela.

El comunicado, leído detenidamente, apenas varía de otros anteriores en global. Efectivamente ha cambiado una parte muy sustancial, en el último hablaban del “alto el fuego permanente” y en este del “cese definitivo de su actividad armada”. Está muy bien, parece un gran paso, quizá definitivo y esto es lo que genera esperanza.

La cautela proviene del resto del comunicado. Son las mismas palabras oídas una y mil veces. Hablan del conflicto armado como si hubiera dos ejércitos enfrentados y no asesinos y asesinados. Hacen un homenaje a sus “compañeros y compañeras” que se han ido para siempre o están “en la cárcel o en el exilio”. Ni un solo comentario sobre las víctimas, bueno sí, según se deduce las víctimas son ellos. Además se congratulan de sus décadas de terror indicando que “La lucha de largos años ha creado esta oportunidad”. Y basan, aún sin decirlo, el éxito de este abandono de “su actividad armada” en unas futuras negociaciones con Francia y España con el objetivo de “la resolución de las consecuencias del conflicto y, así, la superación de la confrontación armada”.


La desconfianza proviene también de lo que el comunicado no dice. No habla de la disolución de la banda, no hay abandono ni entrega de armas y queda por saber si todos los integrantes están de acuerdo con esta decisión o algunos seguirán con “su actividad” como sucedió en Irlanda.


Es por esto que esas futuras reuniones con Francia y España, de producirse, estarán presididas por la duda de que si no llegan a buen puerto reanuden “su actividad”.


Y a todo esto hay que añadirle la desconfianza de que si unos tipos pueden estar cuarenta años matando, secuestrando y extorsionando mentir no debe suponerles mucho problema.

Es como si todos los días mi vecino me da tres hostias porque quiere mi plaza de garaje. Un buen día me dice, oye, que ya estoy harto de pegarte, voy a dejar de hacerlo pero nos tenemos que sentar a negociar para solucionar nuestro conflicto. No se, a mi de primeras me daría alivio dejar de recibir palos pero después pensaría que como no le guste lo que decidamos este tío vuelve sacudirme… pues eso, esperanza, cautela y desconfianza. Poned el orden y la medida que mejor os parezcan.