viernes, 21 de octubre de 2011

La boina de Rajoy

Estaba yo repasando el twitter cuando me ha sobresaltado un tuit de alguien que hablaba de la boina de Rajoy… he pensado yo, que campechano el tío, se ha hecho la foto de campaña con una boina y el primer botón de la camisa abrochado, cual Marianico el corto de la política.

Pero no, no iban por ahí los tiros. Resulta que el PP de Madrid se ha hecho una foto de familia con una bonita estampa de Madrid al fondo. Lástima que nadie se haya percatado, antes de hacerla pública, de que el cielo estaba más negro que el de Mordor antes de la batalla del Anillo.



Y al hilo de esto, que no pasa de ser una anécdota, se me han venido varias reflexiones a la cabeza.

La más obvia, naturalmente, sobre la mierda que estaremos respirando en las grandes ciudades en general y en Madrid en particular.

Por otro lado he pensado en qué tipo de políticos tenemos, y más concretamente en sus equipos, que a nadie se le ha ocurrido pensar que como propaganda electoral no parecía muy adecuado ese paisaje. A no ser que sea un mensaje subliminal, claro: “mirad, mirad, lo negro que está todo y nosotros con la sonrisa de oreja a oreja” Vamos, como si no fuera con ellos.

Y de ahí he pasado a la tercera reflexión: sobre la clase política española. Unos políticos con la boina calada a rosca hasta las orejas. Una boina que no les permite ver o escuchar más que lo que les interesa. Totalmente ajenos a lo que pasa más allá de su ombligo. Enzarzados siempre en discusiones basadas en el inteligente discurso del “y tú más” sin dar una sola solución meditada y a largo plazo para los problemas de la ciudadanía. Como si no tuviéramos parados suficientes como para llenar 50 Estadios Santiago Bernabéu (tenía que decir algo de fútbol, a ver si así subimos en el ranking de visitas).



Ahí está el drama. A la izquierda del ring y con ocho años de gobierno a sus espaldas un candidato que no te defraudará ya que ha incumplido sus promesas electorales aún antes de hacerlas. Total, qué más da, si nadie te lo va a echar en cara. A la derecha del ring, pero no mucho para que no se note, el candidato de las elecciones perdidas. Sin hablar mucho, que más vale estar callado y parecer de derechas que hablar y confirmarlo.

Y mientras, los votantes con la moral por los suelos mirando un horizonte político más negro que la boina de Rajoy.