domingo, 15 de enero de 2012

Año nuevo, retos viejos

Aunque algo más tarde de lo previsto, debido a mis obligaciones familiares y laborales, quiero empezar el año haciendo un breve resumen de aquellos puntos que considero vitales a nivel nacional e internacional. Si uno hace un somero repaso de los titulares de prensa se dará cuenta de que aquello de año nuevo, vida nueva podrá aplicarse a algún despistado que todavía crea en las buenas intenciones pero desde luego los retos siguen siendo los mismos y  muy viejos.


Empecemos por la situación en España. Obviamente hay tres temas, no hace falta consultar las encuestas del CIS para saberlo, que centran las conversaciones de los españoles. El orden que lo ponga cada uno: la situación económica, la corrupción y el final del terrorismo.

El fin de ETA
Empezaré por el último de los tres. En los últimos tiempos, debido a la escasa actividad criminal de ETA, por suerte para nosotros, el terrorismo está perdiendo puntos entre nuestras preocupaciones. Aún así creo que no hay que olvidarlo puesto que no es un tema cerrado ni mucho menos, no hay más que ver las últimas detenciones de hoy. La hábil estrategia de los terroristas anunciando el cese definitivo pero sin desaparecer en la práctica ha puesto la pelota en el tejado del Gobierno. Es por esto que si la banda terrorista vuelve a lo que ellos llaman su actividad desde ciertos sectores sociales y políticos se verá como culpable al PP. El Gobierno de Rajoy tiene una difícil papeleta ante sí: tiene que conseguir negociar con ETA su disolución y al mismo tiempo no dar la sensación de estar claudicando ni cediendo en ningún punto esencial.

La corrupción
No hay más que mirar cualquier portada de periódico para darse cuenta de que la corrupción es un mal generalizado y enraizado en España. Y con corrupción no me refiero solo al mundo de la política, que es lo primero que se nos viene a la cabeza. Me refiero también a factores que atañen directamente al sector económico como es el fraude fiscal y la economía sumergida. Pero ¿por qué asociamos irremediablemente política con corrupción? Sin necesidad de rebuscar en las hemerotecas nos encontramos con varios casos simbólicos de hasta que niveles es un mal extendido: un ex ministro, José Blanco, imputado por el “caso campeón”; dos ex presidentes autonómicos, Jaume Matas y Francisco Camps, por el Caso Palma Arena y la trama Gürtel; todo un gobierno más o menos bajo sospecha, el de Andalucía, por los falsos ERE's; y, rizando el rizo, hasta la Casa Real se ve salpicada por los tejemanejes de Urdangarín y, no sabemos, si incluso la Infanta Cristina. Para ser sincero, siempre he pensado que el gran problema en la relación de nuestros políticos con la corrupción no es ser políticos si no españoles. En nuestro país quien más y quien menos roba, cada uno a su escala. No nos engañemos, el que puede defrauda a hacienda, paga o cobra en dinero negro o hace algún tipo de trampa en el trabajo, en el supermercado e incluso en los deportes. Y lo peor no es que no esté mal visto, si no que el que no hace lo que “todos hacen es que es tonto”.

La crisis económica
Pero sin lugar a dudas el primer premio en nuestras preocupaciones se lo lleva la crisis económica. Con más de cinco millones de parados y un país en el que las administraciones públicas están gastando casi 90.000 millones más de lo que ingresan está claro que la situación no es sostenible. Según el gobierno para acercarse al 4,4 por ciento de déficit marcado por la Unión Europea el ajuste económico debe estar en torno a los 40.000 millones de euros. Y cuando dicen ajustes es sinónimo de subir impuestos y disminuir gastos, lo que todos conocemos como recortes. El reto estaría, por supuesto, en conseguir que los susodichos recortes no afectarán a la educación, la sanidad ni las prestaciones sociales, que son los verdaderos vertebradores de la sociedad, los indicadores del bienestar y la igualdad de oportunidades. Mucho nos tememos que dada la creatividad de nuestros políticos y su cortedad de miras las únicas reformas serán esas, subirnos los impuestos y disminuir el gasto público. Medidas que, sin necesidad de ser Joseph Stiglitz, todos sabemos que no contribuyen a salir de la crisis puesto que ralentizan el consumo y disminuyen la inversión como el propio Partido Popular no se cansaba de repetir mientras estaba en la oposición. Quizá alguna de estas medidas sean necesarias pero acompañadas de muchas otras que al menos no nos den la sensación de ser siempre los mismos los que pagamos.

La fotografía de la situación internacional la dejaremos para una próxima entrada, que tampoco quiero aburrirles ni deprimirles. Mientras tanto son bienvenidas las sugerencias, las opiniones y las críticas, que para eso se ha inventado eso de los comentarios en los blogs. Anímense y déjennos las suyas.